domingo, 24 de noviembre de 2019

ESTUPOROSO ERE


ESTUPOROSO  ERE

Pobre abuelo Luis y pobre familia la nuestra; cuánto hemos debido sufrir por culpa de haber creído en milongas, en la Igualdad, la Fraternidad y la Solidaridad, los ideales paridos por la Revolución francesa. Ellas fueron las responsables de amamantar al recién nacido socialismo posterior y capaces también de abducirlo y  de arrastrarlo, haciéndole creer que sería una buena causa por la que vivir y hasta morir si fuera necesario, en aras de un mundo mejor. Por eso él fundó el socialismo en nuestra tierra, allá por los años treinta del pasado siglo para, inmediatamente después, cuál “un pequeño Mandela”, ser encarcelado en el año treinta y uno en el penal de Cartagena, junto al gran Tarradellas y por asunto relacionado con la huelga general de campesinos. Luego, llegó la incivil guerra e intuyendo lo que ocurriría a sus vecinos de la derecha, viviendo en zona roja, si él huía, como hicieron los cobardes intelectuales firmantes en Madrid del Manifiesto por la República, prefirió quedarse para convertirse en un peculiar carcelero que encerrándolos en la Iglesia, pudo así proteger sus vidas de las cuadrillas asesinas de Úbeda y Torreperogil que borrachas de fanatismo y odio, se dejaban caer de vez en cuando, demandando su dosis de sangre, crimen y horror, después de haberlo ejercido de sobra en sus respectivas localidades. Pero en Sabiote, mi pueblo, no murió nadie, está en la historia, porque él, hombre de prestigio político y valor, supo anteponer el “aquí no sobra nadie, aquí todos somos necesarios” al plomo y la locura de sus exigencias.
Valga el terrible, impudoroso, personalísimo e inevitable preámbulo como sucinto homenaje a la honrosa memoria de su honor y como desencadenante de las siguientes, obligadas y liberadoras palabras.
Abuelo Luis, moviste el árbol del incipiente socialismo con la sana idea de que tus vecinos, amigos, hijos y nietos pudieran tener un mundo mejor y sin embargo aquello acabó como acabó. Lo que te pasó tras la guerra, la familia decidió olvidarlo para poder seguir viviendo, pero ahora, me siento obligado, concernido a estas palabras…a estas alturas de la vida. No lo puedo evitar, tras ver como las nueces que han ido madurando poco a poco en aquél nogal que plantaste tú y otras muchas gentes de buena voluntad, han ido cayendo donde menos hubiérais deseado ni querido. Nos lo acaba de confirmar la sentencia de los ERE. Sentencia que cuánto más la leía más me iba acordando de ti a la vez que me iba sumiendo en un estado de estupor, de shock casi paralizante. Y reacciono ahora, a los días, cuando la colosal desvergüenza de los condenados y la ciénaga sevillana de sus aúlicos-recoge nueces no paran de seguir provocándonos con el mantra de “el Manolo y el Pepe no se han llevado nada al Papo”, como si el cobrar en especies, en votos para el poderoso poder, no fuera una forma de pago como otra cualquiera.
Ellos, los miserables en los que subyace la pretensión de hacernos creer que han venido siendo algo así como los bondadosos Robin Hoods de los alcornocales de Grazalema, mientras nos repiten y repiten el mantra de la archimemez que pretende sentar doctrina .Aunque he de confesar que a los médicos no nos asombran dislates así, sabiendo como sabemos mejor que nadie que el enfermo, cuánto más grave, menos siente sus propios problemas. Por eso, no nos extrañó el cuajo con que el otro día, Susanita” la del perdón chiquitín” se nos manifestaba en aquellos minutos de pornocracia químicamente pura. Pobre Susanita, la compostable, la del triste, patético e incierto futuro, ayer hada madrina seudoprotectora de media Andalucía y hoy casi una doña Nadie en vergonzante almoneda. Y pobre Sur, con más trileros que en las Ramblas, capaces ellos tanto de un roto como de un descosido: desde falsear la ley de Presupuestos como de engordar sobrecostes o ayudas atípicas a las empresas “de los henmmanos”, según ya tenían aprendido de El Guerra, aunque ahora, a su lado, bien pudiera parecernos un pobre y simple aprendiz de brujo…¡quién nos lo hubiera dicho hace años!
“Deberían de suicidarse todos ellos, como acto patriótico”, recordando lo que diría Unamuno a Azaña en su día, viendo y sintiendo todo el dolor que su banda había causado a España. Decía aquella terrible frase y esta otra sorprendentemente profética:” El Autonomismo cuesta caro y sirve para colocar a los amigos de los caciques. Habrá más funcionarios provinciales y municipales. La burocracia crecerá de tal modo que llegará un día en que todos seremos funcionarios.
Y aún más, leyendo la sentencia, y a fuer de abusar de sus palabras, no podía por menos de recordar de nuevo su profunda sabiduría sobre la pomada. Decía de ellos: “Tienen el alma seca, muy seca, es el suyo socialismo de exclusión, de envidia y de guerra, y no de inclusión, de amor y de paz. ¡Pobre ideal, en que manos anda el pandero!
Mira, abuelo Luis, te lo venía diciendo desde años atrás, cuando bajaba desde el Pirineo a ver tu tumba, que me daba perfecta cuenta de que la tierra que abandonamos, tú voluntariamente, harto ya de todo y todos, y yo por necesidad, llevaba tiempo y tiempo acostumbrándose a vivir en una especie de locura colectiva en que cualquier chiquilicuatre podía acabar mandando y empobreciendo a todos. Y ya lo ves, por haber mirado todos para otro lado, ahora también todos andan preguntándose si al final de los finases, de las decenas y decenas de juicios pendientes aún, como siguen diciendo por allá, habrá cárceles suficientes para tantos potenciales huéspedes o si por el contrario no tendremos que habilitar de nuevo la isla de Cabrera, como ya se tuvo que hacer en el siglo xix tras el choriceo y expolio Napoleónico correspondiente.
Viendo a Susanita “la del Papelón”, como te decía, y mientras nos pedía eso, acabé de nuevo (perdona mi Unamunismo recalcitrante), por recordar  finalmente a mi querido D. Miguel dirigiéndose a Alfonso XIII :”Tenga piedad de la pobre España y no añada el sarcasmo a su opresión. No se burle de nuestra patria. No se puede seguir así, porque el día de la justicia pronto pondrá su mano sobre su hueca cabeza.
Abuelo Luis, mis anestesiantes lecturas siempre me han hecho olvidar el dolor del exilio y escribo, ya te lo he dicho alguna vez, porque Cicerón me enseñó en algún momento hace años…”Nunca tengas vergüenza de decir lo que no te has avergonzado de pensar”.
Recibe el abrazo que nunca pude darte, abuelo.
Luis Manuel Aranda
Médico-Otorrino

martes, 22 de octubre de 2019

LA ENTELEQUIA


LA ENTELEQUIA

Dícese de algo que es irreal. De irrealidades y, de otras, no tanto, pretendo escribir inspirándome en Fdo. Savater y rindiendo este mi pequeño homenaje al lúcido fundador de BASTA YA, aquella idea que constituyó el principio del fin de la otra locura vasca. Lo hago así porque no soy capaz de responder de otra manera a esta otra, a todo esto tan cansino, por el hastío y, tal vez, porque tanto mi familia como los escolapios de Getafe me enseñaron en su día a enfrentarme a las injusticias, a no mirar para otro lado cuando hiciera falta. Por el hastío del Procés, la mosca cojonera que no deja de incordiarnos de continuo; casi tanto como el agresivo marketing de esa empresa de seguridad que inmisericordiamente tampoco deja de recordarnos el que podemos ser asaltados, robados y humillados. ¿Qué diría la sociedad si los médicos, al calor del humano negoci, nos avasallara, importunara y angustiara también todas las horas con anuncios institucionales advirtiéndonos de que cada día que amanece puede traernos un cáncer no deseado, invitándonos por ello a pasar por la preventiva taquilla galénica?
No hay derecho por las cosas que nos pasan. Suponíamos que la democracia iba a ser  algo así como el regalo de un cántaro lleno de miel o de salutífera agua, mientras lo hemos recibido rebosante de un inhumano fet diferencial : el de que cada quién, a falta de ideas más constructivas, aprovecha sin cesar su poder subrogado, el autonómico, para encontrar mucho más donde residen los separadores genes diferenciales que los de la felicidad ante la posible comprensión y admisión del otro, del diferente.
Viendo las terribles cosas que acaban de pasar por Cataluña, no puedo dejar de pensar en aquellas pedagógicas y formidables clases del eminente psiquiatra Vallejo Nájera por la Complutense de Madrid. Las adobaba con casos prácticos de carne y hueso y, para ello, todos los años traía pacientes del hospital psiquiátrico de Leganés. Pacientes que, anhelantes, esperaban ansiosamente su día de gloria en la universidad, para exponer cuál pavos reales, o catedráticos, todas sus convicciones y certezas: la del valor de la moneda de su país, de su posible independencia de Marte o de toda la vida idílica que tenían o que pensaban tener en su galaxia. Con un par.
No lo puedo evitar, aquellas clases cada día se me hacen más presentes, viendo lo que uno tiene que ver: todo el catalanismo independentista intentando automantenerse para seguir viviendo de la mamandurria, en mayor o menor grado, mientras justifican y justifican la ficción de su doctrina, del circo montado, y del que por momentos ve con estupefacción como le crecen sus asqueados enanos por todas partes. Los contrariados personajetes, que por vivir más cerca del suelo ven lo que los más altos parecen no ver : como se hacen daño a sí mismos. Por eso andan y con prisas, intentando abandonar a su suerte al Bombero torero, al comprobar las contusiones recibidas por la entrada de un torito español que no habían imaginado tan bragao.
Y, mientras les llega la baja, no dejan de consumir psicólogos, tranquilizantes e hipnóticos, al enterarse, por ej. de que ya nadie quiere ir a Cataluña en los casi regalados viajes del Imserso, entre otras miles de lindezas económicas del desastre. ¿Acaso desconocían como admitiría A. de Tocqueville, el que una república sana sólo se deriva de vínculos cívicos y familiares sólidos, algo que ellos han dinamitado sin visión ni piedad alguna?. La han dinamitado y ahora se encuentran los muy, con lo inesperado: Ay, la cara de póker, de no entender nada, de ese chulito de Congreso de pelo fashion y mofletes, suponemos que de enrojecida vergüenza, viéndose ayer increpado y tratado de traidor españolista por sus vecinos. Qué satisfacción, que sutil venganza del justiciero tiempo, el que suele acabar poniendo a cada quién en su sitio.
Personaje obtuso, con cara más de personaje de zarzuela, de pañolito y todo en la solapa, el que puede que hasta sepa y todo aquello que Tito Livio decía a Fabio Máximo: “ es preferible que un enemigo sabio te tema, a que los amigos necios te elogien”, o que también sepa aquello de que la Revolución Francesa comenzó como la de ellos, con una fe ilimitada en el sentido común de las masas, para acabar como acabó, con la aplicación de la guillotina a todo bicho viviente que se pudiera salir de lo políticamente correcto. ¿O acaso no conocía cosas tan básicas, un personaje  como él, que va de enterado?¿De dónde viene entonces esa su cara de Saturno que le vimos anoche, tras sentirse devorado por su propio hijo, al contrario de aquél otro de Goya?.
De Saturno o de lelo, de no entender nada, precisamente él, que hasta ayer mismo podía pensar el que sólo los demás, los constitucionalistas, esas raras avis, se merecían todo el odio posible, mientras, tristemente, comprobaba la triste realidad, la de que ya, ni desde dentro del útero materno, el inefable y Omnipotente Procés, se puede vivir seguro.
Lo tiene dicho Maquiavelo:” entre locos, es una locura inculcar el decoro de la lucidez”. Qué crueles sus colegas, sr. de los mofletes rojos, repudiándole precisamente a Vd., que viene, como todos ellos, desde la misma filosofía: la de dividir el mundo, de forma beata y simplona, entre buenos y malos.
Y, acabo, pidiéndoles perdón por mi abuso de las sabias citas, pero con otra final, dirigida y dedicada a tanto español catalán de bien que, de sobra lo conozco, no cesan de rearmarse tanto moral como cívicamente :”Yo no creo en un destino que caerá sobre nosotros hagamos lo que hagamos, creo más bien en un destino que caerá sobre nosotros si no hacemos nada”, Churchill dixit. Ánimo, amigos!!!

Luis Manuel Aranda
Médico


domingo, 8 de septiembre de 2019

MORIR DE ÉXITO


MORIR DE ÉXITO

Casi la hemos incorporado como una expresión coloquial para advertir a los seres próximos y queridos, emergentes en lo suyo, cuyas cabezas vemos llenas de feroces deseos de sobresalir o de derrotar ya a los adversarios profesionales, ya a la mismísima vida. Y, lo hacemos, porque hemos crecido bajo los sabios consejos de maestros como Gracián, cuando nos decía aquello de que “los hartazgos de la felicidad son mortales” y por tanto, nos prevenía, apoyándose posiblemente en otro sabio anterior, Sancho Panza, cuando nos sermoneaba con sus refranes: “se dice por ahí que la rueda de la fortuna anda más triste que una rueda de molino, y que los que ayer andaban en pinganitos ( en próspera fortuna), hoy están por el suelo”.
Pues bien, en lugar de utilizar nuestra profunda sabiduría hispana, legada por sabios y literatura en hacer la debida medicina preventiva para evitar las desgracia, los terribles descalabros personales de muchos de nuestros deportistas y personajes de éxito, parece como si todos nosotros nos empeñásemos en todo lo contrario, en jugar con ellos, negándoles todo lo anterior, para intentar  que se rompan más pronto que tarde.
Sólo así se explicaría el afán de la sociedad en general por no decirles aquello que ya sabemos desde Hipòcrates, hace veintitrés siglos: “el hombre debería de saber que del cerebro y sólo de él proceden la alegría, el gozo, las tribulaciones, el sufrimiento y los cambios de humor”, y no solo de recordarles esto, sino de hacer todo lo contrario, tanto federaciones como medios audiovisuales o políticos, metiéndoles en sus atormentadas, limitadas y pobres cabezas( con las excepciones que todos queramos y sepamos encontrar), aquello de : si no te superas, si no adelantas, si no saltas mejor o no eres un número uno, si no consigues una medalla…no eres nadie. El mantra que tienen que oírse y padecerse todos los días hasta conformarse un neurótico yo, sin tiempo alguno para la reflexión y autocrítica más elemental sobre la propia vida y el peor e incierto futuro que les puede esperar, lejos ya de los focos y podiums mediáticos., mientras muchos oscuros políticos, sin brillo alguno, ven la ocasión ideal para convertirse en sus patogénicos incensarios y, en la pescadilla que se muerde la cola, no desaprovechan ocasión alguna para fabricarles evento tras evento, con tal de subirse, también ellos, al escenario que haga falta, siempre que haya cámaras de por medio. Felices, todos, de salir por fin en la Tv, aunque sea sobre los lomos de la vanidad ajena, mientras los demás, viéndolos, no podamos de dejar de pensar en aquello otro que el bachiller Sansón dijera: “Mirad, Sancho, que los oficios mudan las costumbres y podría ser que viéndoos Gobernador, no conociésedes ni a la madre que os parió”.
Y, Lo recordamos mientras vemos su compulsiva necesidad de autoafirmación y su superego de auténticos pavos reales, desplegando todos sus tatuajes como plumas de estatus y de sobrante dinero, capaz hasta de ser derramado en la más frívola de las modas posibles. Envanecidos, decía, de lo poco que saben y sin considerar jamás lo mucho que ignoran, como otro sabio tiene dicho también. Hinchados con el caprichoso soplo de su terrenal y efímera suerte.
Viene todo lo anterior al hilo de nuestros famosos juguetes rotos, de Blanca Fdez. Ochoa, q.e.p.d, de Urtain, de Amparo Muñoz, de Marisa Medina, de Julio Alberto, de Maradona o de Perico Fernández, entre otros mil ejemplos de famosos que no supieron gestionar bien sus vidas o fortunas, para acabar como sabemos que acabaron, más o menos muertos, mutilados, minusválidos o afectados por la depresión “exvacuo”, que dicen los psiquiatras: la que aparece por la pérdida de un objeto que ha conferido identidad, poder, dinero o prestigio.
Sabemos de lo que hablamos, porque hemos tenido “la desgracia” de vivir en primera persona el drama de tener una hija deportista de élite, de las que llegan hasta ser séptima mundial en lo suyo, pero que tras sufrir lo indecible  entre los brazos de sus ineptos e impresentables presidentes de deportes de invierno, tuvo la suerte de tener unos padres que, recordándole todos los días que sólo tenía humo entre las manos, supieron invitarla a ir estudiando para incardinarse, final y felizmente, en el mundo laboral.
Dícese que en la sabia y antigua Roma, sus laureados héroes eran incluidos al final de sus medallas en la nómina del Estado. Pues bien, viendo lo visto, pondría una obligada asignatura en nuestros centros de alto rendimiento deportivo: el que vieran un día sí y otro también aquél documental de Summers…”Juguetes rotos”, en el que se narra de forma entrañable el patético final de las cigarras, de los no previsores.
 Y dice también, para terminar, un proverbio marroquí: “Que Alá te dé una vejez sana y alegre, fruto de una juventud sobria y contenida”. Pues eso.

Luis Manuel Aranda
Médico Otorrino