domingo, 30 de agosto de 2020

Residencias de Mayores

RESIDENCIAS DE MAYORES

In memoriam… de nuestro querido padre. 

Mucho fue lo que tuvieron que sufrir nuestros queridos padres, cuando aún no repuestos de su incivil guerra, se encontraron con la papeleta de tener que sacarnos adelante sin apenas nada, sin tan siquiera poder permitirse el menor descanso; pero supieron ir sobreviviendo y creciendo con la dignidad necesaria, sin atormentadores deseos de vacación alguna, con el único anhelo de ver crecer a los hijos, costase lo que costase la inversión en privaciones propias.

Fue el caso de los míos, como tantos otros. Pero un buen día, la tensada cuerda de la vida acabó rompiéndose, de forma que mi buen y esforzado padre, no solo comenzó a perder la cabeza, a odiar cosas y convenciones aceptadas hasta entonces, sino que, inevitablemente, con su comportamiento hacia los demás, nos demandó su ingreso en una residencia. Y comencé a preguntar por Huesca dónde había el mayor respeto, buena comida, clima hogareño y servicios que nos descargaran de la mala conciencia que la tragedia familiar nos estaba exigiendo resolver lo más humanamente posible.

Comenzaba el siglo, sin la oferta actual de plazas público-privadas. Solicité cita en las Hermanitas de los hermanos desamparados, hoy ya sin el rimbombante nombre tan preñado de marketing. El día del encuentro le dije: “Padre, ponte galas de necesitado, no te arregles mucho para mejor invitar a la conmiseración. Y, además esgrimiremos como argumentos de recomendación el que tu madre, la abuela Pepa, ya legó en su día a estas mismas monjitas y por Torreperogil (Jaén), junto a nuestro pueblo, algún mueble de época para la recepción de su pobre residencia”.

Pues bien, casi temblando como colegiales acudimos, para tener que oírnos por parte de la “monjita seleccionadora”:  “Ah, ah… oiga, me gusta su señor padre. Y, además sabrá que nosotras no cobramos nada, bueno, solo el 80% de su pensión”. Quedó en llamarnos hace ya casi veinte años. Craso error el de mi presentación lastimosa, pensé luego, habiendo llegado a mis oídos como había llegado la “leyenda o relato popular” de que, como dice el refrán, un buen porte y unos buenos modales podían abrir puertas principales, y más aún si había insinuaciones de posible herencia a la vista. Siempre In majoren Dei gloriam, entiéndase, faltaría más.

En la desesperada espera nos encontrábamos cuando tuvimos la suerte de que una emprendedora amiga y paciente, me ofreció su residencia Catedral recién inaugurada, con todas nuestras soñadas necesidades cubiertas.  Sin embargo, años más tarde a mi buena amiga le vino el agotamiento y casi desfallecimiento, que no sabiendo cómo descansar de aquel agotador trabajo en el que se había embarcado, decidió traspasarlo a unos mozalbetes mucho más preparados para llevar cualquier granja de cualquier cosa. Pero nuestro pobre padre, aún supo aguantar un poco a aquellos desabridos y ásperos personajes, aunque solo fuera por ver sus atormentadas vidas, sin vocación de servicio alguno a los demás. Así es que viendo lo que nunca me hubiera gustado tener que ver en mis visitas de cada tarde, opté por denunciarlo al organismo responsable de la DGA, como por ejemplo la siguiente lindeza, en aquel ambiente hosco y deprimido de la sala común de estar.

  • A ver, abuelo, ¿dime?
  • ¡Abuelo de mis nietas so cabronas! 

Al mismo tiempo que veía a alguien sangrando porque se había caído entre sus varios escalonados niveles sin apenas vigilancia.

Pues bien, a la DGA, le faltó tiempo para contestarme lo que supondrá… que no habían encontrado fallo alguno y que hasta ningún residente les había manifestado nada a favor de mis alegaciones. Ay, nuestros pobres mayores siempre callados como ovejas y por miedo a los ladridos del perro. Y comencé de nuevo el Vía Crucis de localizarle un nuevo alojamiento, tras ver las interminables listas de espera de los escasísimos centros oficiales. Mientras y por el contrario, podía ver a los patéticos políticos y sus aún más patéticas obras faraónicas: palacios de deportes, de congresos, ruinosos aeropuertos de a 7.000 millones de las antiguas pesetas… o lo que hiciera falta, tan ajenos ellos a las necesidades del sufrido pueblo de Dios, que son las auténticas y reales necesidades de nuestros mayores con arreglo a la medida de su dignidad y esfuerzo.

Fue terrible verlo envejecer y demenciarse poco a poco durante los ocho últimos años de su vida. Dejado él, como el resto de los residentes, en brazos de la vigilancia y cuidados de la familia. Ellos, la generación que había puesto a nuestro país donde está, son dejados a los pies de los caballos.

Ahora que nuestros político no van al Congreso ni al Senado, deberíamos habilitarles becas Erasmus a los responsables de la Tercera Edad para que fueran a Holanda o Alemania, por ejemplo, a aprender y saber gestionar sus vidas en el futuro con toda la dignidad y el respeto del que deberían ser acreedores. Esta mañana leyendo a Francisco Giner de los Ríos me encontré esta guinda final: “el día que España esté a la altura de su paisaje…” y el de todos sus ancianos, acaba pensando y deseando uno. 

 

Luis Manuel Aranda

Médico- Otorrino

 

 

domingo, 19 de julio de 2020

DE DIGNIDAD Y DE COLEGIO DE MÉDICOS


DE DIGNIDAD Y DE COLEGIO DE MÉDICOS

Lo lamento, pero una vez más, el Presidente de mi colegio me obliga a escribir…por no llorar, cuando uno estaría mucho más feliz leyendo. Verán, el pasado viernes, tras una dura mañana de consulta, volvía a casa pensando en cosas de las que no se hablan, de todas las patologías que, asociadas a la ansiedad y al puñetero bicho están aflorando como setas; en lo mío, terribles otalgias (dolores de oidos), imputables a una afectada vecina, la articulación temporomandibular, que por mor de la ansiedad y el estrés vivido, acaba por dar problemas de inflamación, locales e irradiados. Y, por quitarme las telarañas del trabajo, sintonicé la radio, para encontrarme oyendo a una periodista de las de los posibles y tontorrones cien latiguillos “en este caso” por cada diez frases dichas, entrevistando a alguien que en plan coleguita, comenzaba a presentar…”hola Pepe, estamos con Pepe, el Pte. del colegio de médicos,  a ver Pepe ¿qué opinas del rebrote?, a lo que él, en plan dogmático y pedagógico contestó…”pues que estamos recogiendo lo que hemos sembrado”, después de ver a los ciudadanos no siguiendo lo que se les ordena”. Pero seguí oyéndole, tal vez esperando un poco de autocrítica o de petición de perdón por tanta y tanta cosa previa hecha y no hecha, como responsable sanitario importante. Pero no, por el contrario y sin vergüenza alguna, prefirió echar balones fuera, imitando el relato de cualquier político al uso. En un alarde de consideración propia, como pretendiendo ser químicamente puro, transfiriendo la culpa al sufrido pueblo de Dios o al Gobierno, a los que en las horas de las dificultades todo el mundo pretende buscar como chivos expiatorios, ya en plan Madrid nos roba o nuestros muertos son culpa de España.
Mire, Sr. Presidente, que no Pepe ( porque aunque Vd. guste de ir de campechano por la vida, cuando hable públicamente, representando a todos nosotros, personalmente me gustaría no merecerme lo que Vd. pueda creer que me merezco)…oyendo sus radiofónicas palabras, se me iba haciendo como una bola en la boca del estómago y al llegar a casa no tuve más remedio que vomitar esto que vomito, para no morir de la indigestión. Porque uno, como” insider”( el que está dentro), de sobra no sólo sabe lo que dice, sino que hasta ha tenido que padecer por saber demasiado y querer ejercer como médico, salvando vidas, que es lo suyo, dentro de lo posible.
Todo lo que sigue, está debidamente comunicado al Consejo General de colegios médicos de Aragón, aunque como zorro viejo, sé que el recorrido de la cosa puede ser muy corto, por lo que no descarto que pudiera finalmente acabar en otro procedimiento que pudiera salpicarnos a todos nosotros.
 Y, voy al tema: el seis de marzo pasado, cuando nadie sabía que se moriría demasiada gente y que hasta podrían contagiarse más de dieciocho mil compañeros sanitarios, de forma azarosa, me enteré de que en nuestro hospital de S. Jorge estaban muriendo de Neumonías, estadísticas en mano, muchos más pacientes que otros años por las mismas fechas, por lo que ante el silencio general, incluido Vd. mismo, de forma restrictiva, me sentí en la obligación ética y profesional, tras comprobar su veracidad, de enviar dos mensajes de WhatsApp, cuatro días después, el diez de marzo, uno a la Asociación HuescaSuena, en cuyo grupo de sanidad me habían incluido y otro a mi urbanización en donde por vivir el delegado del gobierno, ingenuo de mí, pensé que tendría algún eco como para comenzar a informarse para dar las órdenes oportunas de protección, de ellos y, por ende,de todos nosotros.
Pues bien, en la antedicha Asociación, creada para intentar dar más vida a esta ciudad, hubo tres o cuatro influyentes  personajes, entre los que se encontraba la Secretaria médica de nuestro colegio, según me comunicó a nivel personal su Pte, que, escandalizados por mis palabras, optaron por salir del Grupo, a la vez que otro, más indigente intelectual, prefirió hasta ofenderme, haciendo bromas al respecto, intentando hacer ver a la Junta directiva que la mía constituía una actitud temeraria o producto de una soberbia profesional y personal que debía de  incapacitarme para estar junto a ellos. Así es que, la docta Junta directiva optó por echarme, dándome una patada allá donde creían que podía dolerme más. Fíjese, por haber intentado ser, y sin saberlo, el primer rastreador del Altoaragón, ahora que, según decía Vd. en su entrevista, y a cinco meses del naufragio, sería la fundamentalísima tabla salvavidas de la travesía que aún nos queda por pasar.
Así es que ahora, a toro pasado, ¿alguien pudiera alegar que en mis arriesgados y valientes comunicados podía haber otra intención que un simple y honesto planteamiento preventivo, que mi advertencia, mi voz de alarma no estaba más que suficientemente justificada?
Ya lo ve, por aquél entonces, ni Vd. mismo ni el Colegio que preside, no solamente sabían ni habían advertido nada, sino que la Sra. Secretaria, de cuyo nombre prefiero ni acordarme, hizo lo que hizo. Por eso en un escrito posterior en medios, le pedí que dimitiera, como pudieron pedirle todos Vdes a la Consejera de Sanidad de tan triste recuerdo como el suyo, por algo, en mi opinión, de menor calado.
Mi desahucio de la querida casa HuescaSuena es un tema menor en mi biografía, puede creérselo, porque ocurrió unos segundos antes de que yo la abandonara por aquél pequeño complot de mesa camilla que un poco antes, D. Pedro Camarero, su Pte., me había comunicado. Lo mío no es nada, al Jefe de prevención de riesgos laborales de la Policía Nacional, lo echaron del cargo, por haber dicho en febrero que sus subordinados se encontraban sin Epis para luchar contra lo que se avecinaba…¿recuerda? Y, ¿puede recordar tambien , puestos ya a recordar, si por aquél entonces., en aquél preciso y preventivo tiempo, algún dirigente sanitario dijera algo parecido?
A día de hoy, estoy mucho más preocupado por saber que nuestros compañeros sanitarios de Albalate de Cinca y alrededores, aparte de las terribles condiciones de su día a día, ni tan siquiera pueden librar al día siguiente de guardia. ¿Ha oído Vd. que alguna voz responsable al respecto haya salido en su defensa?. Y, podría seguir y seguir, pero prefiero dejarlo por si hubiera lugar.
POSDATA: Dice la historia que estando la ciudad de Pittsburg sitiada en 1.763 por los indios, uno de sus capitanes defensores les hizo llegar varias mantas sacadas de su hospital de la viruela. Mientras en Albalate, de sobra lo sabemos, muchos pobrecillos emigrantes, sin papeles y hambrientos, andaban hacinados y sin control sanitario alguno, como venía pasando año tras año, mientras cualquier tipo de autoridad podía estar mirando para ningún sitio. ¿Puede ver en ello algún trágico paralelismo?
Así es que, Sr. Pte. del Ilmo. Colegio de Huesca, que no Pepe, ya perdonará la deferencia, …después de todo lo antedicho, ¿de verdad que sigue considerando el que todas las culpas deben de repartirse tan injustamente como Vd. se ha atrevido a hacer?
De su Colegio colegiado, Luis Manuel Aranda
                                             Médico Otorrino


martes, 19 de mayo de 2020

PERSONALÍSIMA CACEROLADA


PERSONALÍSIMA CACEROLADA

Que suena ahora, cuando nos dejan abrir la puerta de esta prisión preventiva y podemos pasar de ser ciudadanos autistas y quietos, como D. Tancredos…”yendo como encantados en esta carreta, no por nuestras culpas y pecados, sino por la mala intención de aquellos a quien la virtud enfada y la valentía enoja” que diría el Ingenioso Hidalgo. Ahora ya, como ciudadanos libres y cubiertos bajo nuestro paraguas constitucional, el que nos protege de la lluvia de las prohibiciones, dejándonos decir y hacer lo que pudiera salirnos desde nuestro hartazgo y rabia.
Vaya por delante el que no tengo carnet de ningún club social o político y  que siempre he creído que con tener cuatro lucidos y lúcidos hijos, esfuerzo profesional y mayor esfuerzo tributario, tengo como Vd. mismo pueda tener en estos atribulados momentos, todo el derecho del mundo a hacer también este pequeño ruido, aunque sepa con el Eclesiastés aquello de que “el ruido no hace bien y el bien no debería hacer ruido” e incluso como otorrino ,que esto de la cacerolada junto al vecino pudiera ser hasta traumático para los oídos propios y ajenos.
Por eso recurro a esta peculiar cacerolada silenciosa, tras el periodo de castración social, de amputación vital, que nos ha puesto a todos confinados y castrados, como eunucos, mientras podíamos ver como alguno de entre nuestros sultanes políticos podían pasarse cuarentena y mascarilla por el forro de la prevención epidemiológica más sensata y elemental.
Silenciosa ella, mi cacerolada, porque viviendo en el monte, si decidiera salir a hacerla a la usanza, protestando contra todos los vendimiadores políticos, más pendientes de la vendimia que por la lucha contra los hongos invasores, podría ahuyentar de mi entorno a dos ruiseñores vecinos que comienzan a reconciliarme con la vida gracias a sus nupciales trinos nocturnos.
Pero pienso en aquél personaje de Iván Illic diciendo a su familia…”malditos, mentirosos. Ya veis que me estoy muriendo, así es que ya basta…dejad de mentir! Y en todas las consecuencias que como médico sé que pueden acarrearnos todas las mentiras piadosas. En el disco duro personal queda una terrible urgencia de mis comienzos, cuando ni podía entrar en la habitación de un moribundo, porque este, al entreabrir la puerta, solo pensaba en guardar las pocas fuerzas que le quedaban para lanzar a la familia cualquier objeto, mientras mascullaba…me estoy muriendo y me teníais engañado. Siempre os pedí que me dijerais la verdad de mi estado…y, ahora qué?. Me voy a morir y no voy a poder dejar resueltas mil cosas pendientes!. Qué terrible experiencia.
Pues bien, convivo diariamente con dicho recuerdo cuando me toca cruzarme con el Dr. Simón y sus circunloquios, con su diario psicodrama, mucho más capaz de transmitir depresión que reconfortante esperanza. Él, con su presbifónica o suspirosa voz, el Dr. Yenka, como empiezan a llamarlo por mi tierra, por aquello de mascarillas…si/no/no/sí , izquierda/derecha, ya saben. Tras su contemplación, paso entonces como médico, de la indignación y la rabia a la vergüenza ajena, al ver sus continuados y malolientes relatos político-sanitarios, trufados de autobombo, cuando no de pseudoinformes de rimbombantes universidades americanas, avalando el buen olor de la mierda propia…Viéndolos a todos ellos, los políticos de verbo atolondrado, pasando desde un Digo a un Diego sin tan siquiera arrugárseles el traje de la dignidad y la ética más elemental. Los vendedores de borricos, en suma, que no llegaría a comprarles gitano alguno.
Con ese recuerdo malvivo, mientras me persigue otro aún peor, el de cientos y cientos de compatriotas enterrando a sus muertos sin tan siquiera el pequeño acompañamiento del menor luto oficial y en la más grande de las soledades.
Quedo pensando en ellos y en que ningún EPI, ni muchos, desde ahora, podrán resarcirnos a los sanitarios de todo el daño y miedo causados por este aprendiz de filósofo y ministro de la Cosa que nos ha venido mandando a torear sin capote ni protección alguna, como si fuéramos recortadores portugueses, a pecho descubierto. Jamás podrán resarcirnos ni de la décima parte del daño por los muertos civiles y sanitarios ocasionados. Ni por las lágrimas derramadas., mucho antes de las que a ellos les tocará derramar cuando llegue el turno de pedirles las justas cuentas.
A estas palabras me han animado los otros ruidos, los provenientes del centro y barrios de Madrid ,hartos ya de la comunión que esta Iglesia política pretendía seguir administrándoles diariamente, con las indigestas ruedas de molino consabidas. Con las palabras, palabras y  palabras con las que ni saben cómo se debe de ocultar el que somos el país con mayor número de muertos por millón de habitantes .
Metafóricas caceroladas surgidas en el mismísimo barrio facturado por el marqués de Salamanca, el malagueño genial que no sólo comenzó oponiéndose al absolutismo de Fernando VII, sino que luego, gracias a su españolismo, inteligencia y hombría de bien, supo poner a su hija Isabel II bajo sus ambiciosas directrices e ideas.
Las caceroladas de sus calles, las del respeto ausente a sus gobernantes, pidiéndoles su dimisión mientras mantienen una distancia física, pero que nunca había tenido tal proximidad espiritual.
Había hasta no hace mucho, gentes en este país que suponían que el talento político pudiera demostrarse, básicamente, para proteger la vida de todos nosotros, pero  jamás nunca para mirar para otro lado mientras nuestros mayores se morían abandonados en sus Residencias, a la vez que ellos, sus responsables podían estar preocupados por sus pelos y mansiones más propias de la dinastía de Luis XIV.
Comenzaba acordándome de Iván Illich y permítanme acabar con algo leído hace años a Gregorio Morán en su Decadencia de Cataluña…”el drama del Pte. Andreotti acabó por completarse el día en que los italianos descubrieron que además de siniestro era incompetente (por ser benévolo con la corrupción y por su relación con la mafia). ¡Ay, Italia, tan próxima incluso en sus muertos!
No puedo dejar de pensar en todo ello y en el colapso económico histórico y social de este país, con enormes colas para poder comer por cualquiera de nuestras ciudades. Las colas de los ciudadanos hasta ayer mismo ilusionados y esperanzados que no acaban de salir de su asombro por todos los bichos a los que deberán sobrevivir.
Que el buen Dios nos proteja a todos. Salud, amigos.

Luis Manuel Aranda
Médico Otorrino---Huesca
COROLARIO :  Autismo( del diccionario)…Trastorno psicológico que se caracteriza por la intensa concentración de una persona en su propio mundo interior y la progresiva pérdida de contacto con la realidad exterior.
Término que nos ha parecido oportuno utilizar desde el punto de vista literario y médico, de la misma manera que si hubiéramos tenido que hablar de un estadio precanceroso, jamás se nos hubiera ocurrido hablar de una “displasia severa”, algo ininteligible para cualquier profano.
Dicho sea con el mejor de los ánimos, para contradecir a ciudadanos de redes que se creen en la necesidad de corregirnos…de impedirnos nuestro ejercicio profesional y literario en la forma que podamos considerar más oportuna.