domingo, 16 de septiembre de 2018

LA CORRUPCIÓN POLÍTICA


LA CORRUPCIÓN POLÍTICA

A comienzos de los años ochenta, con nuestra Constitución recién nacida, salida del horno, mientras rojos y azules vivían felices y orgullosos la luna de miel del perdón y la grandeza del olvido que habían sabido y querido prometerse mutuamente, me encontraba haciendo un curso de cirugía en Barcelona y, a petición de otros compañeros, en los ratos libres, me tocó hacer de cicerone, por sus Ramblas, de seis otorrinos italianos que nos acompañaban.
Y siempre he recordado sus palabras: en España sois unos afortunados, me decían en aquél entonces, aquí sólo tenéis la Eta y el Grapo, pero allá tenemos la mafia Siciliana, la Genovesa, la Calabresa, la Cosa Nostra y las Brigadas Rojas, pero sobre todo, la mafia más peligrosa de todas y la más dañina…la Mafia política.
Tras oírlo, cerré los ojos y elevé un saludo de agradecimiento al cielo, por la virginidad social y democrática de nuestro ilusionante presente. Eran tiempos aún en que cada cual sabía estar en su sitio, sin invadir terrenos que no le correspondían, y como botón de muestra, valga la anécdota. Hacía Urgencias de la S.S con mi viejo y destartalado Seat 133, pero un buen día, el ATS del equipo, hombre “de posibles”, de aquellos de  dos sueldos y mujer maestra, cayó en la tentación de la vanidad, de comprarse un Citroen “Tiburón”. Pues bien, al cruzar por la puerta un afamado e importante pediatra local, pasó a saludarme y darme la enhorabuena por el cochazo, pero al responderle que era del Practicante, se quedó mirándolo despreciativamente, mientras le espetaba: siento decírtelo, Miguel, pero este coche no te pega, este coche es más bien de médico. Así, con un par. Mientras el otro, agachaba la cabeza y asentía en silencio.
Era lo que se llevaba, lo que había, aunque el bueno de Miguel, con su silencio, quedara pensando aquello de Sancho hacía D. Quijote: A veces me paro a mirar a Vuesa merced y veo más cosas para espantar que para enamorar.
Y, eran también tiempos en que aún vivíamos con vergüenza, con el gran semáforo social que nos indicaba caminos de valores y de sentimientos morales por los que ir, si queríamos seguir empastados y en armonía con sociedad, familia y amigos.
Posteriormente, fue apareciendo la idea de que los semáforos eran fachas y que por tanto, la única norma moral bien vista en democracia, sería el que no hubiera normas morales, ni de mérito alguno…y comenzó a vulgarizarse todo e incluso a desaparecer el sentido del ridículo que tanto nos había ayudado durante los dos mil años previos.
Como consecuencia inmediata, comenzaron a aparecer políticos que fingieron ser filósofos con sus hábitos y que no eran más que unos auténticos pícaros ( Luis A. de Villena dixit): los nuevos demagogos que se iban a ir encargando de toda la degeneración del sistema democrático. Gentes engañosas, como monstruos de dos cabezas, una, la de la ideología, tan necesaria para el voto y el progreso en el partido. La otra, la del capitalismo, la de la pela…la de pensar en cómo la familia abre un negocio para forrarse, a ser posible ( Chirbes…Crematorio).Inducidos, incluso por desalmadas y sabias madres que, percibiendo que sus añosos hijos no poseían habilidad alguna para la vida, les invitaban a explorar su habilidad política, la del panem lucrando, ajenas ellas al básico saber que tener políticos mediocres acaba como vemos, como un boumerang capaz de darnos a todos en el cogote.
Mientras, los no vendimiadores políticos, mirábamos para otro lado, sin tiempo más que para pagar impuestos, criar hijos para el futuro e intentar la excelencia posible en nuestras atribuladas vidas, sin dejar de acordarnos ni un momento de aquella maldad del gran Umbral…”dejémos la política para el que lo necesita, que si nosotros nos metemos en ella, podríamos quitarle el pan a un pobre”.
Y, mirando, mirando  para otro lado, hemos llegado hasta toparnos, lamentablemente, con aquello que decía Julio Camba (y perdón por mis muchas citas, pero no quisiera ser como otros) : Los hombres de la República se apoderaron del Estado con el mismo criterio que si hubieran podido apropiarse de un salchichón.
L a cíclica y puñetera historia que estaremos dispuestos a repetir hasta el final de los tiempos.
Surge todo lo anterior, al hilo de la indignación social y propia, al ver el drama de las corruptelas académicas. Al comprobar, estupefacto, a lo que nos está conduciendo el win- win (el yo gano, tú ganas), el maridaje de las puertas giratorias Universidad-poder.
 La aparecida punta del iceberg, tan sólo. ¿Cuándo comenzaremos a hablar no tanto de los daños académicos que nos han inferido muy pocos sinvergüenzas, sino de los otros daños colaterales, aún más extendidos y tóxicos, los de tanto y tanto familiar( nueras, hijos, sobrinos, queridas, etc) que colocados a dedo en empresas mil, han excluido a nuestros hijos, mientras lo más selecto de muchos de ellos, sin apadrinamiento, han tenido que, decía, emigrar y están aportando lo mejor de ellos en países de nuestro entorno, más selectivos en su selección de personal, de menos nepotismo?
Dos hijos doctores hay en casa. A una de ellas, me ha tocado acompañarla muchos fines de semana durante cuatro largos años a visitar supermercados y tomar apuntes para su tesis doctoral. Otro, desarrollándola de forma muy costosa lejos de casa, aprendió lo suficiente no ya para ser Presidente de nada, pero sí para dirigir, felizmente, un laboratorio de Terapia celular en este duro país.
Una esperanza y sueño final, entre tanto disloque y amargura…ellos y todos nuestros sufridos y desprotegidos hijos, una vez más, acabarán redimiendo este país de pícaros y Lazarillos.

Luis Manuel Aranda
De la Sociedad española de médicos escritores



domingo, 9 de septiembre de 2018

A nuestra hija Kuka


 A mi querida hija Kuka
Querida hija: Ayer, tras llegar de Zaragoza, tu madre me pasó tu mensaje de voz y me dijo…toma, contéstale, que quiere saber unas cosas de su vida. Pero yo venía mal, algo debió de sentarme peor en la comida y acostándome sin cenar, hoy he podido volver al equilibrio y fuerza necesarios como para sumergirme en el túnel del tiempo y andar sobre las difíciles olas de la memoria.
Tiene guasa la cosa, ahora que tanto tu madre como yo, andamos mucho más preocupados por el futuro( piso, jubilación, salud, etc, etc) que por el pasado, nos obligas a pararnos un poco para reflexionar.
Ahora, en que nos encontramos un poco “imbéciles”( del latín imbecillem: débil en grado sumo) y sólo nos quedan apenas fuerzas para seguir luchando contra las preguntas e inquietudes que nos traemos entre manos.
Mira, Kuka, alguien tiene dicho dicho que lo mejor que se puede hacer con el árbol genealógico es, no moverlo, en previsión de que nos puedan caer sobre la cabeza frutos podridos que desconocíamos andaban colgados en alguna perdida rama. Pues bien, indagar sobre el vínculo familiar, de la misma manera y a estas alturas de la vida, es ponerse a navegar sobre una ola, que pudiera dejarnos aún más mojados y tiritando de lo que esperábamos…son las cosas del psicoanálisis (el intento Freudiano de creer que anestesiando a los demás, así comenzó él, hipnotizando, podría sacarles confesiones de su vida anterior que ayudarían a curar la histeria de sus primeras pacientes).
Pero en fin, aunque tú bien sabes que a mí me gusta mucho más leer que escribir, dejo unos minutos un libro sensacional que me traigo entre manos…”Imperiofobia y Leyenda negra” y me pongo a reflexionar, a contestarte, una vez más, obedeciendo órdenes de tu madre, mientras ella, inteligencia práctica en estado puro, se ha ido a un campeonato de golf.
Te contesto, porque no queremos que el no hacerlo, pudiera añadir un posible cociente aún mayor de frustración con respecto a nosotros. Y porque sabemos que aunque en el sicoanálisis no puedan encontrarse todas las respuestas esperadas, la respuesta a tus preguntas sí que nos obligan como padres.
Egresar: salir de alguna parte( ¿a que no conocías esta bonita palabra castellana?), eso era lo que pretendía el padre del subconsciente, el buscar un posible hilo del ovillo, del que tirar hasta poder encontrar el fin de la madeja.
Pero resumo, que acabaré perdiéndome en disquisiciones que no te interesan:
Creo que nos esforzamos por daros una infancia feliz. Aquí, en Huesca, desterrados tu madre y yo, desde nuestra querida Andalucía de la que procedíamos, y tras aprobar una dura oposición en Madrid, tuvimos que abrirnos camino luchando más solos que una almeja. Tu madre dedicada íntegramente a vuestra niñez, mientras yo, entre hospital militar, consulta de la Seguridad Social y medicina privada, me encargaba de que .físicamente, no os faltara nada. Afortunadamente, ella supo suplir todas mis carencias de padre. Era el viejo reparto de papeles de aquél entonces. Y como tanto ella como yo, proveníamos de una familia numerosa, decidimos que su reproducción era lo deseado…y llegaste tú, la tercera de la saga, en un parto que fue el más fácil hasta entonces, proveniente de una joven y deportista madre que no paró de jugar al tenis hasta su avanzado embarazo.
Y, ya de bebé, no te ¨llevábamos¨, como preguntas, nos ¨llevabas”. Desde tu más tierna infancia, te rebelaste con un endiablado carácter capaz de darnos los mejores…y los peores momentos de nuestra existencia.
Recuerdo como ya, en tu preadolescencia, y no sabiendo que hacer, recurrimos a los servicios de un amigo psiquiatra infantil de Zaragoza que entre otras lindezas, te recetaba como “placebo”, un agua imantada en un frasco para reconvertir tu coco; frasco al que te faltaba tiempo para tirar por la ventanilla a la salida de la ciudad, mientras decías…”se ha creído este tío que soy tonta”.
Luego, ya no debo seguir por espacio, nos dejaste, para irte con la Selección nacional de un deporte de invierno por esos mundos de Dios, mientras nosotros seguíamos rezando y recordando, desde entonces y aún, hasta ahora, el viejo aforisma…tener hijos, es como jugar a la ruleta rusa. Eso, y aquello otro de San Agustin…Ama, ama siempre…que ya saldrá el sol!
Un abrazo muy fuerte, hija entrañable del alma.

sábado, 1 de septiembre de 2018

AGRIDULCE SABIOTE


AGRIDULCE  SABIOTE

No teníamos ni tierra ni nada, por eso no pudimos quedarnos a vivir allí mejorando, ampliando y prestigiando la memoria de los nuestros, pero como teníamos aprobada la mejor oposición del mundo…la de ser honrados y trabajadores, optamos por la emigración y por vivir siempre sin vendimiar jamás en la política, dada la terrible historia que la memoria del pobre abuelo Luis había dejado en la familia . Pero aunque en tierras menos fértiles que las nuestras, ya en afectos y campos, hemos sabido dejar, humana y profesionalmente, en muy buen lugar a nuestra lejana provincia, mientras nos hemos esforzado de continuo en olvidar el pasado, como medicina básica para que la melancolía no acabara con nosotros.
Pero la memoria lejana cada día se hace más presente en nuestras raíces, en donde recibimos nuestro primer alimento: el gran mensaje de que saber no ser nadie no es rebajarse. Mi pobre padre, entonces, con su enharinado y eterno mono azul en la fábrica de harinas, durante el día, y por las noches, gastando su sueño en hacer radios y teles con las que sacar a nuestro pueblo de su incomunicación, allá por la década de los 50/60 del pasado siglo, mientras Paco Almenara los vendía por esos cortijos de Dios, nos enseñó a guardar la dignidad e ir por la vida con la frente bien alta, aunque los bolsillos pudieran estar llenos de agujeros.
Por eso, por las raíces y por los seísmos con que a veces las mueve la puñetera vida, uno siente la necesidad de rehabilitar el espíritu, visitando nuestro querido pueblo de vez en cuando, como se visita al dentista ante cualquier dolor de muelas; para tapiar la caries y en este caso, para remover el dormido cementerio de la memoria, buscando aunque sea esforzadamente, a algún conocido o amigo que nos indique el que aún no todo ha muerto ni cambiado para siempre.
Tenemos la necesidad espiritual de bajar siquiera al menos un día al año, tanto para despedirnos de los vivos, por lo que pudiera pasar, como para llevar un ramo de laurel y crisantemos a los otros, los que decidieron, hartos ya de la Cosa, irse a vivir más cerca de la Corregidora.
Y llegué a Sabiote el pasado día venticuatro a media tarde, aparcando cerca de la plaza de la Santa Cruz, recordando, mientras me dirigía a ella, aquello de Unamuno sobre la plaza Nueva de su Bilbao y su infancia…Plaza nueva, plaza nueva/noria de amantes parejas/ qué de recuerdos te llevas/qué de esperanzas me dejas.
Recordaba eso y algo al hilo, de una rondalla de por aquí, Aragón: Por el día luce el sol/y por la noche la luna/ y Edelmiro güelve al pueblo/ en donde tuvo su cuna.
Más, poco duró el ensimismamiento. Mientras me acercaba a aquella, antaño, arbolada y sombreada plaza llena de acacias, noté como si me encontrara en la primera estación de un inesperado vía crucis, tras entrar en un desértico, frío y sucísimo paseo, bajo la prosaica sombra de una enorme carpa blanca, que prolongando casi, el mar de sillas blancas de la calle de San Ginés, parecía más bien que estábamos en Almería, cerca del mar blanco plastificado de El Egido. Antedicha calle, de antes tan acogedora y ahora, tan llena de obesidad y cerveza.
¿Dónde estarán aquellos enjutos cortijeros de las tardes de los domingos en las Barandas, que subían “a holgar y por la muda”, tan ajenos ellos a las alergias al olivo y al colesterol nuestro de cada día?
Y, andando, andando, veíamos apenados, casas y casas en venta, otrora llenas de vida, como señal inequívoca del mundo de ayer y de la regresión económica de nuestra tierra, tan dependiente del olivar.
Ya de vuelta, y cuando más decaído teníamos el ánimo, tanto ante el desacostumbrado calor como al ir sintiendo el que la vida se nos estaba pasando, nos llegó, a la altura de Hermosilla, q.e.p.d, un auténtico regalazo, con la aparición de una espléndida y numerosísima banda de música a cuyo frente iba, su D. Silverio actual ( con perdón, maestro, por mi anclaje en el túnel del tiempo), un hombretón bien plantao y mejor hablao, cuál muchachote vasco, al que hoy he visto en la tv decir:” sí, estoy un poquillo al pie del cañón”, mientras, en la entrevista, se expresaba muy bien, sin las pobres muletillas de …”la verdad es que, la verdad es que” de los pobres ediles de turno.
Enhorabuena, Sr. Director, por amar la música y saber extender su amor a los demás. Decidí entonces, que su imagen y los suyos, sería todo lo que me iba a traer de allá, aparte del aceite, como es natural. Faltaría más. La banda de música de Sabiote, es “un grupo muy apañao”, dice Vd. en su  televisiva entrevista, con las pequeñas palabras que sólo las grandes personas saben decir.
Y, tras las dos horas necesarias y suficientes para ponerle un parche al alma que nos dure otra temporada, me bajé corriendo hacía el rio Guadalimar, en donde el perdido y acogedor cortijo de un familiar estaba esperándome. Lugar al que siempre procuro acudir cuando no puedo soportar los desórdenes de la vida.
Luis Manuel Aranda
De la Sociedad Española de médicos escritores.
…desde la lejana Huesca( la que jugará mañana contra el Barsa, nada más y nada menos)