sábado, 1 de septiembre de 2018

AGRIDULCE SABIOTE


AGRIDULCE  SABIOTE

No teníamos ni tierra ni nada, por eso no pudimos quedarnos a vivir allí mejorando, ampliando y prestigiando la memoria de los nuestros, pero como teníamos aprobada la mejor oposición del mundo…la de ser honrados y trabajadores, optamos por la emigración y por vivir siempre sin vendimiar jamás en la política, dada la terrible historia que la memoria del pobre abuelo Luis había dejado en la familia . Pero aunque en tierras menos fértiles que las nuestras, ya en afectos y campos, hemos sabido dejar, humana y profesionalmente, en muy buen lugar a nuestra lejana provincia, mientras nos hemos esforzado de continuo en olvidar el pasado, como medicina básica para que la melancolía no acabara con nosotros.
Pero la memoria lejana cada día se hace más presente en nuestras raíces, en donde recibimos nuestro primer alimento: el gran mensaje de que saber no ser nadie no es rebajarse. Mi pobre padre, entonces, con su enharinado y eterno mono azul en la fábrica de harinas, durante el día, y por las noches, gastando su sueño en hacer radios y teles con las que sacar a nuestro pueblo de su incomunicación, allá por la década de los 50/60 del pasado siglo, mientras Paco Almenara los vendía por esos cortijos de Dios, nos enseñó a guardar la dignidad e ir por la vida con la frente bien alta, aunque los bolsillos pudieran estar llenos de agujeros.
Por eso, por las raíces y por los seísmos con que a veces las mueve la puñetera vida, uno siente la necesidad de rehabilitar el espíritu, visitando nuestro querido pueblo de vez en cuando, como se visita al dentista ante cualquier dolor de muelas; para tapiar la caries y en este caso, para remover el dormido cementerio de la memoria, buscando aunque sea esforzadamente, a algún conocido o amigo que nos indique el que aún no todo ha muerto ni cambiado para siempre.
Tenemos la necesidad espiritual de bajar siquiera al menos un día al año, tanto para despedirnos de los vivos, por lo que pudiera pasar, como para llevar un ramo de laurel y crisantemos a los otros, los que decidieron, hartos ya de la Cosa, irse a vivir más cerca de la Corregidora.
Y llegué a Sabiote el pasado día venticuatro a media tarde, aparcando cerca de la plaza de la Santa Cruz, recordando, mientras me dirigía a ella, aquello de Unamuno sobre la plaza Nueva de su Bilbao y su infancia…Plaza nueva, plaza nueva/noria de amantes parejas/ qué de recuerdos te llevas/qué de esperanzas me dejas.
Recordaba eso y algo al hilo, de una rondalla de por aquí, Aragón: Por el día luce el sol/y por la noche la luna/ y Edelmiro güelve al pueblo/ en donde tuvo su cuna.
Más, poco duró el ensimismamiento. Mientras me acercaba a aquella, antaño, arbolada y sombreada plaza llena de acacias, noté como si me encontrara en la primera estación de un inesperado vía crucis, tras entrar en un desértico, frío y sucísimo paseo, bajo la prosaica sombra de una enorme carpa blanca, que prolongando casi, el mar de sillas blancas de la calle de San Ginés, parecía más bien que estábamos en Almería, cerca del mar blanco plastificado de El Egido. Antedicha calle, de antes tan acogedora y ahora, tan llena de obesidad y cerveza.
¿Dónde estarán aquellos enjutos cortijeros de las tardes de los domingos en las Barandas, que subían “a holgar y por la muda”, tan ajenos ellos a las alergias al olivo y al colesterol nuestro de cada día?
Y, andando, andando, veíamos apenados, casas y casas en venta, otrora llenas de vida, como señal inequívoca del mundo de ayer y de la regresión económica de nuestra tierra, tan dependiente del olivar.
Ya de vuelta, y cuando más decaído teníamos el ánimo, tanto ante el desacostumbrado calor como al ir sintiendo el que la vida se nos estaba pasando, nos llegó, a la altura de Hermosilla, q.e.p.d, un auténtico regalazo, con la aparición de una espléndida y numerosísima banda de música a cuyo frente iba, su D. Silverio actual ( con perdón, maestro, por mi anclaje en el túnel del tiempo), un hombretón bien plantao y mejor hablao, cuál muchachote vasco, al que hoy he visto en la tv decir:” sí, estoy un poquillo al pie del cañón”, mientras, en la entrevista, se expresaba muy bien, sin las pobres muletillas de …”la verdad es que, la verdad es que” de los pobres ediles de turno.
Enhorabuena, Sr. Director, por amar la música y saber extender su amor a los demás. Decidí entonces, que su imagen y los suyos, sería todo lo que me iba a traer de allá, aparte del aceite, como es natural. Faltaría más. La banda de música de Sabiote, es “un grupo muy apañao”, dice Vd. en su  televisiva entrevista, con las pequeñas palabras que sólo las grandes personas saben decir.
Y, tras las dos horas necesarias y suficientes para ponerle un parche al alma que nos dure otra temporada, me bajé corriendo hacía el rio Guadalimar, en donde el perdido y acogedor cortijo de un familiar estaba esperándome. Lugar al que siempre procuro acudir cuando no puedo soportar los desórdenes de la vida.
Luis Manuel Aranda
De la Sociedad Española de médicos escritores.
…desde la lejana Huesca( la que jugará mañana contra el Barsa, nada más y nada menos)
                                               
                                               

miércoles, 29 de agosto de 2018

EL PUENTE DEL PROCÉS

Publicado en El Diari de Tarragona en agosto/ 18

Ha habido una manifestación de vecinos al hilo del asunto, y como la Pta de la Asociación de vecinos de San salvador (El Vendrell, Tarragona) comenzase la intervención ante unos doscientos vecinos con un..."bueno, hablaremos en castellano, para que así nos entiendan todos", un personaje presente exclamó...¡no. no. en catalán, que estamos en Cataluña!, a lo que alguien le respondió...¡vd. se calla, que está en Tabarnia!, mientras el resto de los asistentes, a voz en grito, clamábamos...¡fuera,fuera!, y el personajete, abochornado, hacía mutis por el foro. Es su valentía habitual.
La realidad catalana, con los españoles adormecidos hasta ahora y dispuestos a no callar en lo sucesivo ante tanto atropello y pretendido latrocinio de nuestra querida Cataluña.


EL Puente del Procés


Qué difícil es ser ciclista en El Vendrell. Casi, casi tan doloroso como el ser ciego en Granada.

Pero nuestra afición es tan grande , que a pesar de no disponer aún de un carril bici anexo al paseo marítimo, algo ya resuelto en ayuntamientos más sensibles o ambiciosos ( visítese por ej., Roquetas de Mar en Almeria), hemos conseguido, como los manteros, el que la policía local ante los hechos consumados, sepa mirar hacia otro lado. La simplona y bastarda forma de resolver los problemas cuando no se tiene otra más inteligente o contundente de resolverlos; dejando al albur, el que cada quién se busque la vida lo mejor que sepa o pueda, a pesar de haber pagado, como buenos y exprimidos ciudadanos, todos los impuestos del mundo para que nos protegieran la vida un poco más, sin tanto menosprecio presente.
Pero aún sin carril, el placer de sentir la matutina brisa marina en el alma, provoca que la necesidad del pedaleo quede siempre por encima de la eterna preocupación por atropellar o ser atropellado, y si además le añadimos a la singladura diaria el anexo regusto del contaje decreciente de las contaminantes esteladas, aupadas y ensoberbecidas ellas ,hasta hace poco en los balcones del fet diferencial y del odio de  nuestro recorrido, ya el deporte acaba siendo como la famosa Quina Santa Catalina…” medicina y golosina”. Por otra parte, como los ciclistas solemos mirar más hacía el cielo o al frente, ahora, la contaminación amarilla del suelo y de la locura, ni la vemos. Simplemente nos resbala.
Pues bien, los ciclistas y caminantes en general, últimamente estábamos ilusionados, comprobando como en una de las zonas más degradadas de nuestra costa, a tiro de piedra de la vista de Casals, en la Riera de La Bisbal, se construía un puente que nos evitaría el riesgo de tener que salir a la peligrosísima carretera próxima para seguir hasta Calafell.
Su construcción, casi nació pareja al paroxismo de la otra “Cosa simbólica”, que diría el Mas (el personaje de triste recuerdo cuya alta ambición le ha llevado a ser Menos) .Verlo construir nos ha tenido ilusionados un tiempo, casi tanto como el mismísimo Procés a sus adictos.
Y, ahora, acabado hace meses y cerrado, pena de puente, ha quedado como una gran metáfora, como el mismísimo Procés, en agua de borrajas, hablándonos cada día acerca de las consecuencias lamentables que acarrea el poner la carreta delante de los bueyes.
Y, acabo. Dice  el enorme cartel que cierra y prohíbe su entrada: Paratge Les Madrigueres
                                                                     
 Dirección general de la Sostenibilidad de la costa y del mar
Zona en Procés de RENATURALITZACIÓ
  Es, en resumen, lo que nos dicen está ocurriendo con ella, como vislumbramos que, afortunadamente, pasa con la Generalitat y sus locuras. Ay, con las caprichosas simetrías y las cosas incompletas, en suma…con los coitus interruptus y con los asuntos del querer y no poder, que sólo acaban generando ansiedad, frustración y eterna insatisfacción; cuando por no ser feliz con lo que se tiene, se anda pensando y ansiando siempre, neuróticamente, con la felicidad  que pudiera pensarse puede vivir en el piso de arriba, aunque nosotros la presumamos, más bien, en la vida muelle del chorlitejo patinegro, mucho más amparado por el edil Mercadé que todos  los vecinos de San Salvador juntos. Políticos!!!
L. Aranda González
De la Sociedad española de médicos escritores




lunes, 15 de enero de 2018

LA PATAGONIA O LA AGONÍA DE LA MALA PATA



LA PATAGONIA o la agonía de la mala pata


Si a Vd. le gusta viajar, le interesa, siga leyendo. Si no es así, mejor pasar de todo esto, porque está leyendo las palabras de un bicho raro, según mi señora. Alguien que desde hace años lleva “tuneándose” la casa, que diría un hombrecito moderno y parco en palabras, con los libros y música suficientes y necesarios como para atravesar el proceloso mar de la vida sin otras mayores necesidades.
Pero ella, que cree que como fuera de casa no se está en ningún sitio, de cuando en cuando ahorra para conminarme finalmente a salir, bajo su impiadosa reflexión de siempre ante los hijos…”miradlo, miradlo, va a acabar tan raro como acabó su padre, vuestro abuelo…hablando sólo a la tv y no queriendo saber nada con nadie”.
Así es que al final, la natural y consuetudinaria cobardía varonil acaba por imponerse y uno, a regañadientes, se pone a hacer la maleta, aún a sabiendas de que el mejor régimen para el gobierno de su propia vida, no pasa nunca por la timocracia de algunos viajes. Pero por aquellos días existían además, para no negarse, unas 155 poderosas razones que invitaban imperiosamente a escaparse un pequeño tiempo de la famosa matraca, la preocupante intoxicación catalana.
 En esta última ocasión la cosa iba, según se me advirtió previamente, de pingüinos, elefantes marinos, ballenas, cataratas gigantescas e hielos a granel, como si no tuviéramos por aquí, el Pirineo, nieves y naturaleza para dar y tomar…y hasta mucho más viento que por la inhóspita Península de Valdés, con sus Maras, sus gigantescas liebres y sus Guanacos, tan aprovechables para los nativos como nuestros cerdos. Una inmensidad de terreno como nuestros desérticos Monegros, pero a lo bestia, vamos.
Y ya saben que para ir, hay que subirse, inevitablemente, al avión, pero como a uno, les decía, le gusta mucho más leer que viajar, a los pocos minutos, abrió Plataforma de Mitchell Houellebecq, el terrible autor francés en cuyas páginas iniciales puede leerse…”coger un avión, actualmente, equivale a que a uno le traten como una mierda durante todo el vuelo. Encogido en un espacio insuficiente, cuando no ridículo…etc, etc”, mientras, segundos después, con los ojos cerrados, pedía al buen Dios sobrevivir al vuelo y recordaba aquello otro del gran Pascal a mitad del siglo XVII…”la mayor parte de las desgracias que les ocurren hoy día a las pobres gentes, son por no saberse quedar en sus casa y en su salón, leyendo tranquilamente”
Andaba sumergido en medio de semejante estado de ánimo y lecturas, cuando comenzó lo inesperado, un terrible dolor abdominal que precisó de atención médica a nuestra llegada a Ushuaia, allá por los confines del mundo. Y como cometí el impertinente desliz de decir que era médico, el temible Síndrome del recomendado se hizo presente, atendiéndoseme de forma negligente, incompleta, por un especialista que de sobra sabía que no volvería a encontrar otra asistencia especializada parecida en los siguientes tres mil km a la redonda. Pero había que seguir al guía, para llegar a El Calafate, mientras algunos colegas del grupo no escatimaban en darme “consoladores y cariñosos consejos”, tipo…vete inmediatamente para España, que he oído que nuestro fiscal general, acaba de morirse en Buenos Aires de una infección renal. Así es que llegados a la antedicha ciudad, patria chica de los Kirschner ,y viendo su nuevo y coqueto hospital, comenzamos a tranquilizarnos, hasta tan sólo un minuto después, en que  comprobé con dolor mayor aún, como al ver que no había el especialista oportuno, y que por tanto un cirujano de cuyo nombre prefiero no acordarme, con más amabilidad que pericia,  tuvo que intentar sondarme infructuosamente, mientras se le oía mascullar…creo que la “ejecución no va bien y puedo hasta estar haciendo una falsa vía “. La ejecución, la ejecución y sus mayores espinas para mi corona. Afortunadamente, abochornado, decidió solicitar ayuda de otro compañero, que más resolutivo, atendió la urgencia hasta el día siguiente, en que tras otros miles de Km, pude llegar al hospital Alemán de Buenos Aires, donde me reencontré con la medicina de excelencia que uno sueña y que siempre debería de tener a su lado cuando piensa  que lo necesita, y más sabiendo que lleva la curación en el bolsillo, que decían los clásicos. Allí, al verme tan afectado por lo padecido los dos días anteriores, con lacónico y tranquilizador saludo, oí las mágicas palabras por parte del especialista correspondiente…”tranquilo, Sr. que ahora no está Vd. en El Calafate”; para a continuación resolver la situación con una puntuación máxima tanto a nivel humano como profesional.
Viene todo el rollo anterior, tan personal e íntimo, ya perdonarán, por las líneas que siguen, por el afán ético-profesional de informarles, en la pretensión de que saquen sus propias conclusiones y provecho.
Verán, en cuánto comuniqué al Seguro de viaje en Barcelona mi preocupante situación, ellos, bien es verdad, me enviaron de inmediato a su asistente-espía. Me explico. Enviaron a un diligente comercial que extremó su celo hasta el límite de colarse en la consulta a que me condujo, a pesar de mi asombrada cara y pertinente observación. Y, uno, que dolorido, sólo imploraba alivio, no cayó en la cuenta de que estaba allí de notario de mis datos clínicos, para a continuación, utilizar en mi contra cualquier cosa que pudiera venir en la letra pequeña del contrato de seguro…cualquier enfermedad preexistente de “posible correlación” con sus intereses. Encontrar algo, en suma, como se dice en el mundo jurídico, que pudiera utilizarse a su favor…y en mi contra, obviamente, para poder decirte al día siguiente eso de …lo sentimos,dejamos de prestarle cobertura médica…búsquese la vida y vuélvase a nado desde Buenos Aires si es que sabe nadar; mientras uno, buscando soluciones posibles de regreso urgente, pueda ir acordándose del articulo 24 de nuestra Constitución…”todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que en ningún caso pueda producirse indefensión”. Acordándose de eso, del principio que dice aquello de que quién acusa tiene primero y siempre que probar, y que la vulneración de la presunción de inocencia no debería ser cosa baladí.
Y, por acabar y resumiendo, de la misma manera que a través de leyes máximas se nos enseña a no decir nada que pudiera ir contra nuestros intereses de defensa, de igual manera, quedan informados con la mejor y sana voluntad, por un médico, un servidor, a no decir en cualquiera de sus próximos viajes, nada de su vida médica anterior, fuera del ámbito estrictamente médico, que pudiera ser correlacionado, unilateral, caprichosa y arbitrariamente con el padecimiento presente, porque podría acarrearle de inmediato un daño y agravamiento lesivo aún mayor .
Vdes, y hasta ese día, deberían decir siempre a los no profesionales, que han sido la salud andante, el paradigma de una vida tan sana como alejada de médicos y de boticas ¿entendido?
Finalmente, no quisiera ser agorero, sean felices, disfruten de sus viajes pero sean en suma, tan listos como el propio Cóndor Argentino, el Jote, ese buitre al que sus padres ya lo hacen nacer desprovisto de plumas en la cabeza, para no tener que mancharlas al comer carroña.
Feliz año.
Luis Manuel Aranda
Médico- Otorrino