lunes, 2 de septiembre de 2019

OLOR A TREMENTINA


OLOR A TREMENTINA
Ha sido el último olor, el que nos hemos traído para el recuerdo, tras habernos padecido anteriormente  otro intenso y desagradable a alcanfor, a cosas semiapolilladas y viejas, que nos han hecho caminar con la nariz tapada.
Verán, aunque andaluces viviendo en una Comunidad vecina, por mil cosas tenemos un vínculo inevitable emocional y personal con Cataluña. La primera, porque nuestro querido padre , q.e.p.d, con sus tiernos dieciocho años y por ser rojillo y andaluz, fué destinado durante sus tres años largos años de guerra incivil al frente de Mollerusa, a Golmés, exactamente, y porque el mantra de su nombre fue casi la única nana que tuve en mi pobre infancia, desde años atrás no puedo vivir en paz con la vida si de vez en cuando no paso en peregrinación laica por allá, con la sola idea de derramar alguna lágrima tanto por las cosas que pasaron, por las que pasan y hasta por la efímera existencia.
Y lo hago, créanlo, sin pensar jamás que esta tierra pueda habernos robado algo, ni que nos pueda deber aún a mi familia el impagable precio de haberla defendido durante tres atormentados  años.
Blandenguerías previas aparte, bien es verdad que siempre, después, la playa de San Salvador acaba reconciliándonos con todos nuestros fantasmas. Ella es la culpable de que tuviéramos olvidados los paisajes interiores, de forma que casi eran veinte años los que llevábamos diciéndonos el que teníamos que subir al viejo pueblo, ese que, detenidos en el peaje de su falda, veíamos una y otra vez como nos miraba desde su atalaya, con el parecido desdén y señorío como sólo saben hacerlo los señoritos andaluces, desde la altura de su prepotencia y su caballo.
Pero hace unos meses estuvimos visitando Cuba y en uno de sus fabulosos resort caribeños para turistas, un añoso y educadísimo matrimonio se acercó a saludarnos…
       Qué felicidad el oírles por acá, queridos amigos españoles. Yo también, aunque viviendo desde hace mucho en la Argentina, soy de allá, de un pueblito bonito y chiquito que se llama San Vicente de Calders. Acabó diciéndonos el caballero, a la vez que pedía el que si algún día pasábamos cerca, subiéramos a su Iglesia a darle un abrazo a su Sta. Ana querida.
Así es que esta mañana de ventoso agosto hemos subido al fin a cumplir con la palabra dada; pero nuestra ilusión de subida, pronto se ha visto truncada al vernos en medio del triste espectáculo de una bonita Iglesia “Lazi” (con lazos, entiéndase), envuelta de forma fashion entre ropajes modelo ·fet diferencial· y con ikurriña incluida, como esperpéntica guinda del pastel…una Iglesia, en suma, cerrada y muerta, intentando, eso sí, ejecutar un vociferante solo de trasnochado nacionalismo, a estas alturas en que tras ir los pasados días por la costa en bici, había visto, con esperanza, como los ciento de esteladas de hace tan solo un año, cuando el cénit de la epidemia de tosferina, había descendido ya casi hasta el 90%, una vez pasada ya la  aguda fase febril, por lo que no pude evitar el pensar sobre la marcha en el patético recuerdo de aquellos pobres japoneses que aún cuarenta años después de acabada la segunda guerra mundial, andaban escondidos, pobrecillos, por las selvas Birmanas, por no haberse enterado de que la cosa estaba ya superada, iba por otros derroteros.
Pobre Iglesia, ultrajada en su frontispicio por  signos de identidad política, tan ajenos ellos a lo que debería ser la Igualdad, la fraternidad y la solidaridad, lo más intrinsicamente humano y revolucionario. Oliendo  a alcanfor y anclada en el superado Viejo Testamento, aquél del Dios rencoroso y de un solo pueblo, pero que como contradictoria “cosa”, intenta dar una vanguardista comunión a sus adeptos con horribles lazos amarillos, superada ya la otra, la de las ruedas de molino, la de toda la vida.
De verdad que cuesta trabajo imaginar el porqué Vdes, clero secular, han pasado de jugar a las cartas con el boticario a meterse cuál aburridos Quijotes en causas que no le corresponden, llegando a ser como deleznables Okupas en una casa que es de todos, el sufrido pueblo de Dios, para acabar, ya lo vemos, ultrajándola mediante la imposición de banderitas de su equipo.
Aunque podemos deducirlo: de tal Obispo…tal astilla, que Iglesia y poder siempre han maridado tan bien como desde siempre lo han hecho una anchoa y una aceituna, por decir algo. Así es que, mosén, visto lo visto, y como uno andaba muy justito de fuerzas de fe y sólo procuraba mantener las necesarias para poner la cruz solicitada por Vdes en la preceptiva declaración de Hacienda, puede decirle desde ya a su jefe, ese que recoge la recaudación final, que hasta aquí hemos llegado y que contra los experimentos que él hace, ya lo ve, nosotros podemos tener el más hispánico y de sobra contrastado…el de la gaseosa.
Afortunadamente y tras el cabreo, a la salida, Sta. Ana, que no debe de olvidar a las gentes de buena voluntad, obró el pequeño milagro de presentarnos a un inesperado vecino con olor a trementina y a la vieja usanza: amable, culto y viajado, nada endogámico, que nos ha permitido volver a casa con el dulce sabor y conciencia de que el hombre aún no ha dejado de existir entre los hombres.
Y, acabo. El efecto final de toda esta cansina historia de buenos y malos, no tenga la menor duda, Sr. Mosén de la pedanía , es que “va a acabar retratando: a unos, en su miseria, a otros en su dignidad, y a los más, en espectadores acoquinados y perplejos”, como un notable catalán tiene sabiamente dicho.
De sobra también lo sabemos, porque el caústico e irreverente como VD. mismo, Voltaire, nos lo dijo hacen ya más años, que “la Iglesia, cuando pide para Dios, siempre acaba pidiendo para DOS”. Algo perfectamente asumido y sin pudor alguno por algunos de Vdes.de sobra lo vemos, piden con el platillo de la mano derecha para la Providencia y con el de la izquierda para el Procés.
Cosas veredes, querido Sancho.

Luis Manuel Aranda
Médico Otorrino

martes, 18 de junio de 2019

EL JUDAS

EL JUDAS
Pobre Sra. Alós, viéndola salir del confesionario electoral con la mismísima cara patética de la reina María Cristina ante Calomarde y su esposo Fernando VII, tras haber derogado este, poco antes de morir, la Pragmática Sanciòn, por la que las mujeres podían heredar el trono, para que así pudiera sucederle su hermano Carlos…”solo pasa que acaban de robar el trono a tu hija y el honor a tu esposa”, se le oía decir.
Perdonen el cultismo, pero viene a la memoria y al hilo de la necesaria respuesta que desde hace más días de los deseados, tengo que dar a la Guasa esa de mi telefonino, cuando desde cualquier rincón de España, algún amigo se siente obligado a preguntarme…¿pero, oye, que pasa por tu pueblo de adopción, Huesqueta?
Fue la primera vez, no hace tanto, cuando por las redes se enteraron de la estulticia urbanística. Sí, lo de las pancartitas de a dos mil euros de bellón colocadas a las entradas de la ciudad,  comunicando urbi et orbe, incluidos visitantes, que éramos una ciudad bilingüe, y que por tanto podían defenderse en Cheso, si así lo deseaban.
Pero es que aún no nos habíamos repuesto de “la boutade”, que diría un francés, o la tontada o tontería política, que diría uno de Puigbolea, cuando nos desayunábamos con un Presidente de su esforzado equipo de fútbol, saliendo en la tv como Rato, casi con una mano policial en el cogote, mientras a su médico parece ser que sólo le quedaban fuerzas para esconderse y preparar la defensa de sus “posibles problemas”.
Pues bien, los oscenses , con la digestión ciudadana a medio hacer, sin ánimos aún para bañarnos, por aquello del tiempo, bien es verdad, pero también por lo otro, por no tener aún bien hecha la digestión del susto futbolero, ahora, cuando el tiempo empieza a mejorar, seguimos por desgracia, como indecisos bañistas, por todo lo anterior y porque podríamos hundirnos, dado que más que en flotar, nos sentimos de antemano hundidos por las cosas que nos siguen pasando. Estupefactos, con la estupefacción que produce el saberse vivir entre gentes de poco fiar, traidores a la representación pública de la que fueron investidos hace unos días.
Y escribo porque me duele la rechifla ajena y, porque sin duda alguna, seguimos en la lengua de toda España, porque no acabábamos de salir del trueno, cuando a casi horas, nos volvemos a encontrar metidos en el relámpago del escándalo público.
De sobra sabemos que el hombre/mujer públicos puede pasarse la vida entre las posibles injurias y afrentas de la oposición y que, precisamente, porque saben que entran en el sueldo y en su condición, están mucho más entrenados y preparados para soportarlos que el común de nosotros, sus mortales votantes.
Sra. Alós, entiendo su confusión. Allá, por la noche de los tiempos, un grupo de ciudadanos de mi pueblo, nos aventuramos con una carta y mucho sentido común a fundar una agrupación electoral con un eslogan…”Vótanos, total a ti que más te da”, que ironías aparte, fue cambiada al final. El caso es que sacamos dos concejales que ofrecimos, de forma transversal, que dicen los cursis actuales, a los azules, los suyos .Pues bien, ¿sabe porque desde entonces, me veo en el espejo con más cara de bisoño, de tontorrón?. Es historia local, los suyos se inhibieron en la votación, para que accedieran los rojos al gobierno local…mientras nosotros, los de la Tercera España, que diría Unamuno, acabamos pidiendo hora al psicólogo para que recompusiera nuestras apaleadas neuronas.
Pero entonces, entre templanza y aún sin redes, tuvimos que enjuagarnos nuestras lágrimas democráticas solos, por bisoñez , por haber olvidado que entrar en el barrio político es entrar en zona muy peligrosay, tal vez por no haber leído aún los Tratados Morales de Séneca, cuando recomienda…”Y aunque te apriete y te presione con fuerza el enemigo, es vergonzoso ceder: defiende el puesto que te marcó la naturaleza. ¿Me preguntas que puesto es este?: el del varón/mujer ( diría ahora).
Para acabar, Sres.  del PP, tienen el inexcusable deber histórico de encontrarlo y hacernos saber por cuánto puede venderse en estos atribulados tiempos, un Judas altoaragonés, ahora, ya con la nueva ley hipotecaria en la mano.

Luis Manuel Aranda
Médico--Otorrino

miércoles, 3 de abril de 2019

LAS AGRESIONES MÉDICAS


LAS AGRESIONES MÉDICAS

A estas alturas, a finales de mi vida profesional, me gustaría, como comprenderán, cantar alegremente sobre las excelencias de mi Colegio de médicos, como ente capaz a lo largo de sus años de haber hecho cosas útiles tanto en nuestra defensa personal como profesional, pero por muchas vueltas que le doy a la cosa, sólo soy capaz de encontrar migajas y lamentos como los que siguen.
Así es que antes que las telarañas de mi presbicia me lo impidan, y viendo lo visto, no quiero dejar pasar más mi silencio cómplice, mirar para otro lado ante este creciente y alarmante problema de las agresiones a sanitarios tan en auge.
De sobra sabemos, como bien apunta Andrés Trapiello en su último libro, que en España se ha maltratado secularmente a los libros, a los niños y a las mujeres, ante la indiferencia de todos. Pero, por el contrario, los padres, médicos, policías y profesores, hasta los años ochenta, aún vivíamos como en una burbuja respetable, como en un cerrado paraíso, un hortus  conclusus, que diría un clásico, en donde nuestro esfuerzo y mérito eran socialmente debidamente considerados y respetados, casi sagrados, vamos.
Pero llegó la mala política, la peor educación y la degradante Tv con el corruptor mensaje de que la norma moral de los nuevos tiempos, debería de ser el que casi no hubiera normas morales y comenzó la confusión mental, cuando no el enfrentamiento y el encono social entre lo políticamente correcto imperante(…lo del dejar hacer, lo del amiguismo con los hijos, y lo del aquí nadie es más que nadie, entre otras muchas lindezas) .Entre eso y lo políticamente incorrecto de los viejos valores aprendidos y heredados de siglos y siglos de pulimento cultural, filosófico y moral: las cosas que nos habían venido ayudando a mantener unida tanto nuestra coherencia e identidad individual como colectiva, librándonos de la desintegración personal y nacional, como F. de Azúa tiene sabiamente dicho.
La consecuencia del choque de trenes social, está a la vista: una degradación de la convivencia tanto a nivel personal como regional, cada día más preocupante.
Y, ¿donde podía conducirnos lo expuesto anteriormente, de forma sucinta y simplista, tras haber fallado tan estrepitosamente tanto la buena educación como la nefasta Tv y su peor influencia?
En la India, por ejemplo, las vacas son sagradas y todos sabemos, y ellos mejor, lo que hay que hacer con ellas, mientras que en España tenemos que convivir aterrados cada día con una ascendente violencia que traspasando lo doméstico, se va extendiendo como mancha de aceite a todos los ámbitos, hasta haber llegado a nuestro ejercicio profesional.
Así es que ahora, y a toro pasado, como suele hacer la Iglesia ( aunque ella, bien es verdad, ha sabido pedir perdón por haber preferido mirar para otro lado durante siglos), vemos con tanta rabia como pena, el que nuestro Colegio de médicos y sindicatos, hayan decidido, al fin, denunciar y alertar a la sociedad sobre la nueva infección sufrida por los sanitarios españoles en el ejercicio de su dura, abnegada y cada día menos respetada profesión.
Y lo hace mediante la simpleza de una pancarta en su fachada colegial, sin ninguna autocrítica elemental previa sobre su continuado mirar para otro lado a lo largo de todas las agresiones que sus colegiados hemos venido sufriendo a lo largo de años, tanto de la Administración, como del entramado político impuesto, denostador y  ninguneador de toda la fabulosa Sanidad pública que habíamos sabido construir entre todos sus auténticos artífices, médicos, enfermeros y personal auxiliar.
¿O es que acaso recuerda alguien a nuestra estructura colegial batiéndose el cobre y denunciando, por ej. el escaso tiempo/paciente que dicen tener nuestros queridos, sufridos y quemados médicos de cabecera…o que cada Autonomía haya hecho de su capa un sayo en materia sanitaria…etc, etc? Por contra, algo que, lamentablemente, podemos recordar algunos y no hace tanto, es ver haciendo a nuestro  patético colegio campaña por la sanidad pública, contra los intereses estatutarios de todos nosotros, médicos de asistencia privada.
Brotan estas líneas, al hilo de mi personalísima memoria personal sanitaria, de las heridas aún sin cicatrizar y de los agravios recibidos. Verán, por los años ochenta era, cuando recién destinado uno a esta ciudad tras haber aprobado una dura oposición de carácter nacional en Madrid, tuve que compatibilizar un tiempo mi destino con una plaza de Urgencias móviles. Algo realmente terrible, la medicina que todo el mundo procuraba eludir, en que se trabajaba de cinco de la tarde a nueve de la mañana del siguiente día, asistiendo a toda la ciudad, aportando coche y combustible, sin móviles ni buscapersonas alguno que ayudara, en la más absoluta soledad y desamparo.
Pues bien, en aquellas circunstancias, una madrugada y por no querer hacer unas recetas a un personaje sin cartilla de la S. S , pero “con amistades políticas” según me daba a entender mientras me las exigía, fui agredido. Afortunadamente, mi corpulencia y preparación física, me libraron de una tragedia mayor. Pero aunque denunciado de inmediato el hecho, no pude evitar el que a los dos días apareciera una página entera en El Periódico, sin firma alguna, como firman los valientes, comunicando a los aragoneses poco menos el que algo así como un forajido-médico-pistolero andaba suelto por Huesca, mientras yo, echando mano de influyentes amigos de Zaragoza, llegué hasta la dirección del periódico, para enterarme por fin, que el libelo había sido escrito a instancias del entonces jefe médico provincial, un hombre cuyo sectarismo podía caber en un tonel, pero cuya ciencia médica, de sobra lo sabemos a estas alturas, nunca cupo más que en una pequeña Caja. Y escrito al dictado, según mi informador, por un escribidor, auténtico “chevalier servant” y  autotitulado periodista sin título, que aún, muchos años después, sigue dándonos la murga en prensa, sin pudor alguno, siempre que hay que limpiar de forma periódica, el polvo de las trincheras de alguna sierra cercana.
Pueden creérselo, pero es lo que puede llegar a dar de sí la miserable condición humana. Que eran tiempos de ir desmontando, decían, a la prestigiosa clase médica imperante, y todo mérito era poco, para el personalísimo alpinismo social y político tan en boga desde entonces.
Pues bien,¿creen Vdes que el Colegio de médicos en aras de la solidaridad y el más básico humanismo para con sus colegiados , tuvo la elemental cortesía y justicia como para llamarme, consolarme e informarse de lo ocurrido? Faltaría más. Algo habrá hecho!, debieron de pensar, en aquellos tiempos en que no podía caber en cabeza alguna el que “un médico casi sagrado” pudiera ser agredido…A mí se me pudo humillar, pero lo terrible es que no se hizo medicina preventiva alguna, como para evitar que por aquellos polvos, pudiéramos llegar a todos los lodos actuales.
¡Ay, los pecados de acción y por omisión de nuestro pobre Colegio de médicos! En el tintero dejo, otros varios de acción/omisión, por si se precisase en alguna defensa y respuesta futura sobre lo antedicho. Que meter la mano en estos asuntos colegiales, créanlo, es como meter la mano en un cesto de cerezas…que tira uno de un ramo y te pueden salir tres.
Así es que, cuando con los recuerdos sangrantes aún, a pesar del tiempo pasado, el Colegio me concedió hace unos años unos 300 euros por su convocado premio literario Miguel Servet, decidí no recogerlos, sino dejarlos en forma de unos diez ramos de flores para los compañeros que pudieran estar ingresados por algún padecimiento. Por aquello de no hacer aprecio de alguien que no ha hecho mérito previo alguno. Sintiéndome sólo entonces, vengado por tanto desprecio suyo anterior. Caprichos del alma .
Posdata: Me pasa con el Colegio de médicos de Huesca, lo que siempre me acaba ocurriendo con la lectura del descubrimiento de América…que tras estudiar su proceder y evaluar sus conquistas, suelo quedar estupefacto.

Luis Manuel Aranda
Médico Otorrino
Huesca