miércoles, 11 de enero de 2017

CALLE DE LA BASURA





Y de la vergüenza ciudadana. Es como me la ha definido un amigo radiólogo venido desde Madrid , tras bajarse del Ave y encontrar su acera de salida no solamente negra, barnizada con los incívicos mil chicles pegados, sino porque además, al subir andando hacia el centro por ella, la calle Zaragoza, ha seguido con la peculiar lectura radiográfica que nos ocupa. De esas que dejan al paciente paralizado, haciéndole sudar de dolor y asombro.

Mi amigo Ricardo vino a verme porque estaba harto de que le dijese aquello tan socorrido de que teníamos una ciudad que era “un parque rodeado de edificios” y que incluso hasta que los efectos de la nefasta Logse comenzaran a sentirse en la sociedad y la convivencia, la única contaminación que teníamos era la acústica. La provocada en el Parque M. Servet por los chillidos amorosos de aquellos divinos pavos reales en celo. Así es que íbamos subiendo por sus aproximadamente quinientos metros hasta los Porches de Galicia, el urbano corazón, mientras yo hacía historia hablándole del café Mongotti, alias La Suiza, inaugurado a finales del siglo XIX, y que acabó dando paso al restaurante Sauras y al Real Aeroclub, como el gran centro social y de baile hasta no hace demasiados años. 
Y le hablaba también, cómo no, con que tenía una librería papelería entrañable, de rancio sabor local y crujientes suelos de madera, luego vilmente sustituida por la desustanciada y fagocitaria banca.
La idea era llegar, como decía, a la plaza de López Allué, su famoso escritor, periodista y versificador, para entrar después en La Confianza, la Capilla Sixtina del humanizado gusto por el comercio de siempre o las cosas bien hechas, y poder acabar con el sublime postre de San Pedro el Viejo. Pero fue en la paradita de la plaza de Navarra, tras comentarle como fue bautizada así en homenaje a los heroicos requetés navarros que tan eficazmente colaboraron en la ruptura de su terrible y prolongado sitio guerracivilista, cuando él, mi amigo, se sumió en una profunda
reflexión…
Luis, me dijo, cuando una ciudad necesita o pretende, turísticamente hablando, hacerse
querer, procura presentar u cara más amable, las flores y olores más adecuados, procurando siempre que su “huella ecológica”, su impacto ambiental, como tanto gusta ahora decir a la nueva cursilería política, sea lo más pequeño y lesivo posible. De manera que cualquier capital de provincias que se precie de culta y sensible, siempre procura dar una imagen que hable por sí sola de las bondades de sus gentes. Nunca enseña sus interioridades ni sus trapos sucios.
¿Acaso no os prohíben ellos la ropa tendida en las fachadas como algo aceptado y acorde con el refinamiento más elemental? Para seguir ¿es que vuestros ediles desconocen que en el centro de las grandes ciudades con más sensibilidad y ambición, ya hay inventados otros métodos para la necesaria recogida de basuras en sitios clave?
Pues bien, mirando y mirando, me decía, he venido contando hasta dieciocho contenedores de basura en tan corta , transitada y turística calle, mandaesacosa!

Mientras yo me sonrojaba por dentro; y por si todo el despropósito municipal no fuera
suficiente en cuánto a contaminación visual y olorosa se refiere, en llegando a la esquina de su antedicha y famosa plaza, tuvimos que trotar para poder eludir al sempiterno saxofonista rumano de marras, que ya parece más bien un funcionario con mando en plaza, y habilitado especialmente para castigarnos los oídos con sus desafinadas y eternas “Guantanamera y La Cucaracha”. Para mayor honra y gloria de la cutredad hecha calle. Perdona, Ricardo, acabé diciéndole, mientras le recordaba que la estética de algo es lo que se percibe mediante sensaciones y que como estas, llegan a embotarse con la costumbre y el uso, por eso, tal vez, convivir en esta Huesqueta con toda su basura antedicha nos ha impedido hablar mal de ella, porque acomodarse y mirar para otro lado pertenece a la más elemental supervivencia humana.

Al fin y a la postre, los sufridos turistas que nos visitan, aquellos que vienen con la aprendida lección de sus personajes y su historia, pueden hasta permitirse pasar de la mala presentación que hacen de ella sus negligentes políticos. Bien es verdad que la cosa, desde el punto de vista psicoanalítico y social, tiene su miga. Hasta puede oler a acto fallido, a sutil venganza contra el nombre de nuestra capital autonómica, ya sea por sana envidia o , tal vez, por habernos sabido quitar allá por el XVI, la primacía de nuestra entonces exclusiva universidad Sertoriana. Acabé por responderle en improvisada reflexión.
Julio Brioso, q.e.p.d, en su libro Las calles de Huesca nos relata como su Diario del mismo nombre del 28/VI/1.877, denunciaba un caso lacerante para la pituitaria de los ciudadanos: “en la acera izquierda de la c/ Zaragoza, inmediato al taller de fundición del Sr. Cristófol, existe un gran trozo de terreno de huerta sin cercar que, además de resentir el ornato de aquella concurrida parte de la población, sirve a muchos para desahogos, comodidades y actos que repugnan a la moral y crean un foco de infección perjudicial a la salud”. Jesús, Jesús, pero que requetebién se escribía entonces…”además de resentir el ornato”!!!
Pienso en todo ello, mientras acabo escribiendo con las inevitables arcadas por nuestra
querida y emblemática patogénica calle que conduce, vía AVE, desde el resto del mundo hacía nuestro más querido corazón urbano. Feliz Navidad.

Luis Manuel Aranda
Médico-Otorrino


jueves, 8 de diciembre de 2016

MI VIAJE A CUBA



MI VIAJE A CUBA

Y porque surgió el Congreso Iberoamericano de ORL, decidí embarcarme el pasado junio en el viejo deseo de conocer la isla. Sería algo así como la vieja Quina Santa Catalina…”medicina y golosina”, de forma que si la ciencia no rendía fruto alguno, al menos cumpliría con un sueño nunca realizado, que iba dejando y dejando por mor de haberme prometido a mí mismo desde la noche de los tiempos, que nunca pondría allí pie alguno hasta que el responsable de tanto presunto desastre, no hubiera desaparecido. Malvadamente, hasta llegué a soñar con que el veleidoso destino me pudiera regalar la asistencia a un famosísimo entierro y entonces, matar tantos pájaros de un solo tiro, aun hacía la cosa mucho más apetecible.
Ahora, a toro pasado y desde la madura reflexión que da la distancia, tengo la necesidad personal de las siguientes líneas, en el ánimo de poner en orden tanta tormenta de sensaciones y vivencias en su justo término.
Y como nada en la vida es verdad ni es mentira, sino que es el color con que se pueda mirar el responsable final de un juicio de valor o su contrario, entonces, si el mirar está tamizado por la ideología o las vísceras, es verdad que podemos quedarnos en la simplicidad de ver que no hay nada bueno que pudiera redimir o justificar la existencia de una toma del poder de forma abrupta, no democrática, pero si la mirada es abierta ,sin prejuicios de dogma alguno , hay que hablar de todas las carencias que conocemos ,suponemos y hemos visto vía tv,  pero también que no es menos cierta la realidad que uno, personalmente, pudo sentir y hasta admirar.
Viendo aquél fabuloso país con forma de salchicha de 1.200 Km de largo y aunque apenas haya muchas cosas materiales que puedan estar disponibles para la gran clase media, sin embargo es increíblemente asombroso el gran gap cultural con el que han sabido dotarse con referencia a nosotros.
Constituye una auténtica delicia ver toda la preservación que han sabido hacer de nuestra lengua, de forma que para cualquier amante de la palabra hablada, entablar una conversación podía constituir todo un placer inencontrable por estos lares.
Oiga…es que han tenido suerte, porque yo soy un guía muy meloso, podía oírse.
En nuestra civilización europea nos han inculcado la obsesión por dotarnos, por llenar de muebles la propia casa, pero en su peculiar revolución, ha primado el ideal de amueblar, fundamentalmente, la cabeza de su pueblo, de forma que por ej. cualquier barrendero o trabajador podía sorprenderte con conocimientos de literatura o historia impensables por aquí.
Como dicen los franceses, han optado por dotarse de “una cabeza” antes que de todo lo demás, de forma que ahora, más que de sus magníficas playas y resort, se han dado cuenta de que exportar médicos, enfermeros o ingenieros , les reporta más divisas que cualquier otro tipo de invento.
País de educación plena y de total seguridad que deja al turista perplejo tanto por sus paisajes como por su paisanaje, mientras se atisba todo un futuro prometedor en el que pretenden, mientras lo intentan, establecer una comunión de intereses entre las enseñanzas del nefasto capitalismo salvaje y las otras del otro extremo, tan nefandas como han podido comprobar en carne propia. I
Intentan , en suma, y con todo lo aprendido, construir una posible vía a lo Vietnamita o a lo Chino que dé paso a una economía de libre mercado mientras pueda persistir la férrea férula estatal. Es lo que he visto.
Luis Manuel Aranda
Médico- Otorrino


martes, 22 de noviembre de 2016

LAS MUJERES



LAS MUJERES

Cada día más presentes y resolutas, no dejan de sorprendernos. Han sido capaces de estar en silencio, salvo todas las excepciones famosas y conocidas, durante los cuarenta mil años del desarrollo de nuestra civilización, procurando calladamente el que la vida siguiera saliendo adelante, mientras veían a los varones matarse, hacer sus guerras, roturar campos o hacer sus gigantescas máquinas.
Cuesta trabajo pensar que hasta hace cuatro días, por ej, y hasta nuestra Segunda República, no se les permitiera votar y pintar algo socialmente. Por contra, ahora, su salida de casa, de sus armarios y cocinas, masivamente y de poco tiempo acá, es algo que no sólo nos tiene asombrados, sino que viéndolas conducirse y construir este difícil tiempo nuevo que nos está tocando vivir, se puede llegar a la fácil conclusión de que un nuevo orden social se está configurando, mientras los hombres andan cada día más confundidos, ya sin los viejos roles de macho que en llegando a casa siempre les permitía encontrar a alguien a quién dar órdenes.
Alejados ya y afortunadamente, aquellos tiempos en que un arzobispo inglés hasta llegase a decir…”la mujer es un ser que no reflexiona y que atiza el fuego empezando por arriba”.
Y como la historia es tan pendular como la mismísima vida, ahora, liberadas ya de todos los ancestrales prejuicios que la invitaban o forzaban a estar en casa, como a cualquier objeto de cocina, y porque además, la humanidad ha comprendido que allá donde están ellas se respeta más la vida y el sentido común aplicado, es por lo que hay cada vez más como un clamor unánime hacia la búsqueda de su dirección y consejo. De su sabia dirección, en suma.
Sí, porque los estudios de marketing más vanguardistas han evaluado que cuando al frente de la empresa hay féminas, automáticamente la productividad puede incrementarse en un treinta y cinco por ciento, a la vez que disminuyen sus conflictos laborales .
Pensaba en todo ello el pasado día catorce en Madrid, en la torre Repsol de la Castellana, mientras esperaba en su salón de actos que a nuestra hija Cristina, una revista femenina…”Más Mujeres a Seguir”, le entregase el premio “Empresaria del año”, por toda su trayectoria personal y esfuerzo en su creado y joven invento digital… “Mujeres Tech”. Y, créanme, al contarlo no me mueve la legítima vanidad de padre, sino el comentar con todos Vdes. lo vivido.
Verán, allí, sin apenas varones en el acto y entre tantas ejecutivas y vanguardistas mujeres, llegué a encontrarme como un terrícola en Marte, en un mundo nuevo y sorprendentemente atrevido, mientras recordaba una máxima de Antonio de Guevara, aquél predicador-escritor de por Carlos V…” el oficio del caballero es dar, porque el día que el caballero empieza a no hacerlo, aquél día pone en pregones su fama”.
Estando entre tanta exitosa mujer, en medio de su peculiar ecosistema digital, como a ellas les gusta sentirse, pensaba en todo esto , mientras intentaba comprender lo difícil que tiene que resultarles toda la conciliación entre crianza y mundo empresarial, por una parte, y por otra, pensaba también en el tremendo cambio mental al que nos está obligando a los hombres la urgente necesidad del sometimiento a tanta y tanta necesaria adaptación, si no se quiere morir en el intento…o acabar, lamentablemente, en el pseudoliberador juzgado.
Que, bien pensado, si se tiene la elasticidad mental suficiente como para poner a todo esto en su cabal sitio, puede llegarse incluso hasta a aprender, a relajarnos y consolarnos debidamente, sin drama alguno de ofendido varón que va viendo cómo se va invadiendo un espacio vital que creía suyo desde la noche de los tiempos. Puede hacerse, incluso saliendo tonificado, si se recuerda aquello del sabio Salomón…”debo mi gran sapiencia al gran número de mis mujeres”.
En fin, uno, que se quedó estancado en la fase alfabética, la de la lectura reflexiva y de la sintaxis, acabó como suelen acabar los de mi generación cuando entran en un corral ajeno y más aún si es digital. Y es que al final del acto, con mi hija Cristina al lado, ya premiada y feliz, un servidor también intentaba acabar siéndolo, aunque no llegara a conseguirlo del todo, y es que al ver que ella no paraba de toquitear el móvil, opté por decirle…¡deja ya de una puñetera vez el aparatito, que es de muy mala educación el hacerlo delante de los demás! A lo que ella, mirándome con todo el desprecio que un hijo/a sabe hacerlo cuando quiere, acabó diciéndome…Papá, que no te enteras de nada, que estoy tuiteando y retuiteando el acto, que ya hasta lo sabe y me ha contestado la prima Lucía desde Miami!. A la salida, convocó a su grupo de amigas para la foto de rigor y como pretendiese incluirme, tuve que oírme a regañadientes por parte de todas…¡no, no , que esto es sólo para las mujeres!. Mientras yo, abstraído, pensaba inevitablemente en toda la moderna discriminación positiva que pudiera ir llegándonos a los hombres a lo largo de este naciente siglo llamado el “siglo de ellas”. Pensaba, decía, sólo en eso y en salir rápidamente huyendo hacía mi personalísimo nicho de confort, el pequeño cielo que he sabido buscarme aquí en la tierra, lejos de lo virtual, de Internet y entre mis consoladores libros de siempre, los amigos que nunca fallan.

Luis Manuel Aranda
Médico Otorrino