martes, 22 de diciembre de 2015

DE MÉDICOS Y MEDICINA



DE MÉDICOS Y MEDICINA

“Tengo lo que he dado”, es una vieja y sabia máxima. Viene al hilo de lo que sigue, porque los médicos preocupados y ocupados casi únicamente por la profesión y nuestros pacientes, tenemos lo que tenemos por haber mirado desde siempre hacia las cosas más trascendentes, que nada tenían que ver con los vulgares aspectos sindicales o económicos, convencidos con Hipócrates de que la medicina es una misión, no una mercancía.
Y ahora, enfrentados a nuestra patética realidad profesional, no deja de hacérsenos presente de continuo en la memoria aquél Boabdil al que sólo quedaban “ganas de llorar como mujer…”.
Verán, hace unos días recibí una carta certificada de ASISA, una compañía de seguro médico a la que he prestado mis servicios profesionales desde hace la friolera de treinta y seis años, e ingenuo de mí, la abrí  ilusionado, creyéndola una felicitación de Navidad o de acción de gracias por tanto y tanto año de servicio sin mácula ni queja alguna de nadie, convencido desde siempre, entre otros méritos y con perdón, de que listas de espera y dolor debían de ser en mi praxis cosas tan antitéticas como inasumibles. Pues bien, nada de eso contenía, sino una bajeza…me daba de baja, sencillamente, en su cuadro médico desde el próximo enero.
Sí, queridos pacientes y amigos, así como lo leen, sin causa alguna, haciéndome víctima de una decisión arbitraria y aún más, siendo como soy socio-cooperativista-accionista de “la Cosa”. Carta de cese sin previo aviso, como Franco cesaba a sus ministros, y enviada por su delegado provincial el Dr. Fierabrás( un hombre versátil, tan capacitado para el sindicalismo médico como para ejercer en la patronal) y que manifiesta elocuentemente como la ética médica, a veces, no siempre sabe distinguir entre los negocios privados y el hacerle un feo a un compañero. Ay, las viejas formas!. Bien es verdad que aunque me apartan de sus asegurados de Isfas y Muface, dicen seguir permitiéndome atender a sus pólizas privadas, algo así como el chocolate del loro y dejado a guisa de compasiva limosna, a la que al echármela sólo les ha faltado la apostilla final del …”que Dios le ampare, hermano”.
Pues bien, preguntado el Sr. Delegado, por cosas como la anterior y otras desafecciones anteriores, uno lo encuentra siempre y sin dimitir, echando balones fuera, hacía Madrid, recordándonos con su actitud aquello de un pobre concejal al que su mujer al enfadarse, solía decirle…”pintas aquí en casa, menos que en el Ayuntamiento”.
En este asunto personal referido, podría resumirse toda la tristísima y vergonzosa precariedad laboral en la que andamos sumidos los médicos. Y en estas cavilaciones propias andaba al recibir el detonante de todo lo dicho: una encuesta de la Organización Colegial que nos habla de que el 42% de los médicos españoles viven y trabajan con un trabajo precario (algunos incluso con contrato día/día), así como que el 27% de ellos en desempleo ni tan siquiera están apuntados al paro, tal es su falta de esperanza.
Es quizás políticamente incorrecto hablar de todo esto en público, pero así es realmente nuestra vida profesional, dentro y fuera de las Instituciones públicas. Y lo hago, además, porque el art. 26 de nuestro Código Deontológico me lo exige…”si el médico que trabaja al servicio de alguna entidad privada no dispusiera de toda su libertad…deberá informar de todo ello al paciente”. Que lo otro, lo de pensar que lo que le va bien al gallo (cía de seguros), le viene bien a la gallina (paciente), con perdón, no deja de ser un planteamiento que tiene que ver más con la veterinaria que con el mantenimiento y defensa de lo que debieran ser las libres y sagradas relaciones médico-paciente, cosa ya inventada por Hipócrates y vigente en la vecina Europa desde hace años. Algo que echamos de menos debería de haber luchado, en esencia, nuestra vieja y caduca Organización Médica Colegial. Tal vez, entonces, no habríamos quedado a los pies de los caballos.

Luis Manuel Aranda
Médico- Otorrino



sábado, 21 de noviembre de 2015

Al Sr. Presidente de la DGA (DIPUTACIÓN GENERAL DE ARAGÓN)



Al Sr. Presidente de la DGA

 Estimado Sr. Lambán: Confieso que no lo conocía, pero cuando de la plaza electoral salió a hombros del Sr. Echenique y los hombres de la Chunta, al verlo en la tv  con su cara como de deán de la catedral de Tarazona me cayó bien. Con su pose y hablares más propios de ella que de la mediocridad política imperante. Así es que, me dije, con hombres así, de consenso, puede que se esté acabando la lamentable guerra fría de nuestra joven democracia, la división ideológica entre rojos y azules, tan pasada de moda. Que no sólo parecía un hombre de Dios, sino adornado también con aquellas virtudes que según Sun Tzu en su Arte de la guerra son necesarias en un general…la de ser sereno, impenetrable, imparcial y dueño de sí. Me pareció ver en Vd. a una persona precavida, llena de sentido común suficiente como para protegernos de futuras contingencias.
Y ya vemos, apenas ha comenzado a andar y a falta de dineros con los que comenzar a construir otras cosas, ni corto ni perezoso, se ha puesto a recoger la limosna de la atención de los mass media con algo que no estaba escrito entre sus promesas electorales. No se lo ocurre nada mejor que, aparte de avisarnos de que subirán los impuestos, el comunicarnos que pretende imponernos la fabla como idioma vehicular voluntario. Fomentando el hecho, sin duda alguna, de que pertenecer a una especie social común pudiera ser más guay. Y lo hace, sin pudor alguno, precisamente en esta madura sociedad aragonesa, plena de respeto, sin conflictos y ajena por idiosincrasia a la imposición de cualquier tipo de unilateralidad, de tema lingüístico alguno. Y más, precisamente ahora, en que viendo lo visto con el desmadre identitario catalán, todos estamos tan preocupados como sorprendidos mirando hacia atrás y  preguntándonos de continuo como nadie se daba cuenta de la deriva histórica acontecida por las cosas mal hechas y planteadas desde su raíz. Mire Sr. Presidente que la historia da mil rodeos y las escopetas de sobra sabemos que las carga el diablo. Que lo contrario del bien, dicen los alemanes, no es el mal, sino las buenas intenciones que sirven para legitimar demasiadas cosas.
Sr. Lambán, Voltaire, allá por el siglo XVIII, escribía a una noble amiga española…”sí, lo sé, el vascuence es una lengua que algunos pastores del norte de España utilizan para hablar con sus vacas”. Pura causticidad, tan típica de él, pero definitoria sin duda de su realidad en aquél entonces. Y ya ve, comenzó después la Revolución Francesa y aunque su legado de Fraternidad, Igualdad y Solidaridad prendió en las raíces del Socialismo posterior, también anidó en el alma colectiva, por el contrario y lamentablemente, la  idea de que solo fomentando la identidad podría darse el primer paso hacia la emancipación, y por eso ahora estamos como estamos.
Porque sé todo esto, me ha dejado estupefacto, Sr. Presidente. ¿Pero cómo quiere o pretende hacer compatibles sus ideales ideológicos herederos de aquella revolución con el peaje que pretende pagar a sus socios nacionalistas y de izquierda más izquierdosa?
Lo hemos oído de boca de su Consejera… porque lo habla el 4’08 de la población no se va a imponer como obligatoria. Faltaría más. Y lo hará como idioma vehicular. El gran eufemismo que enmascara lo realmente futurible, desconocedora ella de que cuando los problemas sociales se vuelven identitarios  ya no hay solución de vuelta atrás.
De sobra debería de saberlo un hombre de su perfil, filósofo de Egea, del Aragón profundo…”la síntesis de todas las Españas”, como alguien más sabio que Vd. y un servidor tiene dicho .
Con su fabla, su lanzado globo sonda, créame que a los aragoneses de adopción nos ha dejado preocupados. Los que decidimos serlo hace ya casi cuarenta años en esta tierra de respeto y de anarquistas famosos, tierra para vivir y dejar vivir, como mi querida y cada día más añorada Andalucía; tierra tan capaz de reírse de las estupideces de sus vecinos catalanes como de caer en la cuenta de la pobre realidad democrática en que vive. Sí, porque como votantes, con cosas como su genialidad, constatamos lo vulnerables y angustiados que quedamos, viendo nuestra incapacidad para tomar decisiones que ya se encargan de tomar por nosotros todos ustedes. Algo que en la sabia y respetuosa Suiza, por ej. jamás llega a ocurrir, porque se han dado desde la Edad Media todo tipo de Referendun, para que cualquier tema debatible como su locura, pueda ponerse a votación entre todos sus ciudadanos.
Para terminar, Sr. Lambán, los médicos sabemos que es mucho más barato prevenir que curar. Algo tan aplicable a la medicina como a la política. Que se comienza a no ir a misa los domingos y se acaba asesinando en día de fiesta, como decía un pobre curica de mi pueblo. Y sabemos también, en este orden de cosas, cómo vivimos en un mundo lleno de peligrosos efectos secundarios que nos están llevando a tanta y tanta desafección política  por su toma de decisiones tan ajenas a la realidad imperante… por inventar demasiadas cosas que la mayoría social no les ha pedido. Por mover lo que estaba bien y no necesitaba de mayor zarandeo.
Hegel, su apreciado filósofo, decía aquello de que las funciones de la crítica filosófica era desconcertar al sentido común…decir lo que no se puede decir. Venga, hombre, gástese las pocas perras preparadas para llevar vehiculizado al CHESO, al CHAPURREAO de Matarraña o al PATUÉ de Benasque, en una campaña, por ej, mucho más necesaria y rentable, como la lucha contra la obesidad, la peor amenaza para la salud pública de los tiempos modernos. Mire que si no lo hace, al final de los finases, como dicen por mi tierra, acabará desarrollándose el sindicato de la fabla y acabará por imponérsenos como obligatoria. Tiempo al tiempo.
Todos Vdes, los políticos deberían de andarse con pies de plomo cuando se meten en el jardín de los temas de lengua o religión, tan adictivos como excluyentes. Que la lengua, ya lo estamos viendo más allá de la frontera, de la Franja, acaba produciendo o imitando síntomas presicóticos o psicóticos . Le acabo aconsejando la medicina preventiva, tómelo en serio, hombre. Consejo de médico leído.
Atentamente.

Luis Manuel Aranda
Médico-- Otorrino




jueves, 15 de octubre de 2015

GOBIERNO DE ARAGÓN (... ejercicio de ciudadanía práctica)



GOBIERNO DE ARAGÓN
Departamento DE VERTEBRACIÓN

Recibo un escrito de Vdes. hace cinco días, con nº de salida 265.073, en relación con una reclamación interpuesta por mi contra una mala y peligrosa forma de hacer concreta de autobuses Alosa. Pues bien, dadas las circunstancias lamentables de la reclamación y el poco papel disponible para el efecto, lamento no haber podido ser más explícito como se me exige. Lo haré ahora, públicamente.
Verán, gracias a Dios, mi situación personal me permitiría sobradamente no tener que utilizar jamás el transporte público,  pero por encima de ella prima el recordar todos los días aquello de Kennedy…”No preguntes que puede hacer el país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país”. Así es que aunque entienda que pueden darse situaciones tan lamentables como la vivida, no por ello dejo de esforzarme siempre que puedo por viajar en dichos medios de transporte. Por contribuir en primer lugar al ahorro energético oportuno, en la medida de mis pequeñas fuerzas, y en segundo por disfrutar viendo cómo van cambiando las cosas dentro de nuestra sociología nacional. Que ver tanta razas nuevas, clases y condiciones humanas tan diferentes de otros pasados tiempos , no deja de ser un tema tanto literario como enriquecedor y sorprendente.
Pues bien, el día ventisiete de julio, lunes, y estando la familia pasando unos días en Jaca, decidí coger el autobús de Alosa  a las ocho treinta a.m. para bajar al trabajo. Lógicamente, vi por la hora, como mis vecinos y yo mismo aprovechábamos para dar la cabezadita de rigor. A los cinco minutos de salir, la emisora del autobús comenzó con los impertinentes ruidos … de que si el autobús de Sallent te dejará a seis en Sabi, que si tienes que recoger tres paquetes, etc. Llegándonos el ruidito y sus interferencias de marras hasta la octava fila en que intentaba dormitar. Y como la cosa se había producido en otros viajes en que decidí hacer lo que suele hacer todo el mundo ante las pequeñas agresiones ajenas ,vamos, eso que de sobra conocemos, lo de mirar para otro lado, para no complicarnos la vida, ahora ya, hartito, decidí al final armarme de ciudadanía y levantarme rápidamente(como quién se levanta para pedir una bolsa ante el vecino que quiere vomitar, por ej) y decirle al conductor…por favor, baje el volumen que es muy molesta su emisora, a lo que él respondió…ah, perdone, es que se ha debido de quedar abierta su amplificación. La bajó inmediatamente, yo volví de inmediato a mi asiento y todos tan felices. Al llegar a Sabiñánigo, el hombre vino a darme una satisfacción inesperada…mire, me dijo muy educadamente, perdone, pero es que la empresa nos obliga a ir comunicados de continuo. Al apearme en Huesca, acabé preguntándole, aun entendiendo su educación, pero no tanto la obligación empresarial a tenerlo que distraer forzosamente con la emisora puesta y manipulándola mientras llevaba a cincuenta personas a bordo, (y más ahora, cuando todos los días nos recuerda la DGT con sus anuncios, que la más mínima distracción puede costarnos la vida,).¿Puede caber en cabeza alguna que un cirujano, por ej., en una intervención estuviera a la vez hablando por tfno. “con o sin manos” o pendiente de información sobre las intervenciones siguientes?. Acabé preguntándole, decía, dónde podía escribir en el libro de reclamaciones, a lo que una señora, su vecina del primer asiento de atrás, con la que había visto durante el resto del viaje  intercambiar palabras y sonrisas frecuentes, vaya Vd. a saber si de amistad o del diseño posterior de lo ocurrido, me estopó…¡ah, sí, pues si Vd. denuncia yo también lo voy a denunciar a Vd por haberse metido contra el conductor!. Y, aunque  estupefacto y sorprendido quedé, al ver los recursos que sabe encontrar la picaresca, el creativo personal hispánico llegada la hora, e incluso con la antedicha señora pisándome los talones mientras me instaba a no hacerlo, hice lo que deberíamos hacer todos cuando, no sólo no se nos pone ya la película o la música ambiental de antaño en aras de un más grato viaje, sino  que incluso se nos transporta con medidas que tienen que ver más con el cuidadoso trato veterinario que con la mayor excelencia humana posible.
A mediodía, un conocido de Jaca que viajaba por detrás de mí, tuvo la gentileza de llamarme para agradecerme el gesto. Lo tendré presente por si hubiera necesidad.
Que oiga y lea quién tenga la obligación legal de oír y leer lo que digo, en evitación de otros accidentes o males mayores.
Luis Manuel Aranda
Médico- Otorrino