sábado, 21 de noviembre de 2015

Al Sr. Presidente de la DGA (DIPUTACIÓN GENERAL DE ARAGÓN)



Al Sr. Presidente de la DGA

 Estimado Sr. Lambán: Confieso que no lo conocía, pero cuando de la plaza electoral salió a hombros del Sr. Echenique y los hombres de la Chunta, al verlo en la tv  con su cara como de deán de la catedral de Tarazona me cayó bien. Con su pose y hablares más propios de ella que de la mediocridad política imperante. Así es que, me dije, con hombres así, de consenso, puede que se esté acabando la lamentable guerra fría de nuestra joven democracia, la división ideológica entre rojos y azules, tan pasada de moda. Que no sólo parecía un hombre de Dios, sino adornado también con aquellas virtudes que según Sun Tzu en su Arte de la guerra son necesarias en un general…la de ser sereno, impenetrable, imparcial y dueño de sí. Me pareció ver en Vd. a una persona precavida, llena de sentido común suficiente como para protegernos de futuras contingencias.
Y ya vemos, apenas ha comenzado a andar y a falta de dineros con los que comenzar a construir otras cosas, ni corto ni perezoso, se ha puesto a recoger la limosna de la atención de los mass media con algo que no estaba escrito entre sus promesas electorales. No se lo ocurre nada mejor que, aparte de avisarnos de que subirán los impuestos, el comunicarnos que pretende imponernos la fabla como idioma vehicular voluntario. Fomentando el hecho, sin duda alguna, de que pertenecer a una especie social común pudiera ser más guay. Y lo hace, sin pudor alguno, precisamente en esta madura sociedad aragonesa, plena de respeto, sin conflictos y ajena por idiosincrasia a la imposición de cualquier tipo de unilateralidad, de tema lingüístico alguno. Y más, precisamente ahora, en que viendo lo visto con el desmadre identitario catalán, todos estamos tan preocupados como sorprendidos mirando hacia atrás y  preguntándonos de continuo como nadie se daba cuenta de la deriva histórica acontecida por las cosas mal hechas y planteadas desde su raíz. Mire Sr. Presidente que la historia da mil rodeos y las escopetas de sobra sabemos que las carga el diablo. Que lo contrario del bien, dicen los alemanes, no es el mal, sino las buenas intenciones que sirven para legitimar demasiadas cosas.
Sr. Lambán, Voltaire, allá por el siglo XVIII, escribía a una noble amiga española…”sí, lo sé, el vascuence es una lengua que algunos pastores del norte de España utilizan para hablar con sus vacas”. Pura causticidad, tan típica de él, pero definitoria sin duda de su realidad en aquél entonces. Y ya ve, comenzó después la Revolución Francesa y aunque su legado de Fraternidad, Igualdad y Solidaridad prendió en las raíces del Socialismo posterior, también anidó en el alma colectiva, por el contrario y lamentablemente, la  idea de que solo fomentando la identidad podría darse el primer paso hacia la emancipación, y por eso ahora estamos como estamos.
Porque sé todo esto, me ha dejado estupefacto, Sr. Presidente. ¿Pero cómo quiere o pretende hacer compatibles sus ideales ideológicos herederos de aquella revolución con el peaje que pretende pagar a sus socios nacionalistas y de izquierda más izquierdosa?
Lo hemos oído de boca de su Consejera… porque lo habla el 4’08 de la población no se va a imponer como obligatoria. Faltaría más. Y lo hará como idioma vehicular. El gran eufemismo que enmascara lo realmente futurible, desconocedora ella de que cuando los problemas sociales se vuelven identitarios  ya no hay solución de vuelta atrás.
De sobra debería de saberlo un hombre de su perfil, filósofo de Egea, del Aragón profundo…”la síntesis de todas las Españas”, como alguien más sabio que Vd. y un servidor tiene dicho .
Con su fabla, su lanzado globo sonda, créame que a los aragoneses de adopción nos ha dejado preocupados. Los que decidimos serlo hace ya casi cuarenta años en esta tierra de respeto y de anarquistas famosos, tierra para vivir y dejar vivir, como mi querida y cada día más añorada Andalucía; tierra tan capaz de reírse de las estupideces de sus vecinos catalanes como de caer en la cuenta de la pobre realidad democrática en que vive. Sí, porque como votantes, con cosas como su genialidad, constatamos lo vulnerables y angustiados que quedamos, viendo nuestra incapacidad para tomar decisiones que ya se encargan de tomar por nosotros todos ustedes. Algo que en la sabia y respetuosa Suiza, por ej. jamás llega a ocurrir, porque se han dado desde la Edad Media todo tipo de Referendun, para que cualquier tema debatible como su locura, pueda ponerse a votación entre todos sus ciudadanos.
Para terminar, Sr. Lambán, los médicos sabemos que es mucho más barato prevenir que curar. Algo tan aplicable a la medicina como a la política. Que se comienza a no ir a misa los domingos y se acaba asesinando en día de fiesta, como decía un pobre curica de mi pueblo. Y sabemos también, en este orden de cosas, cómo vivimos en un mundo lleno de peligrosos efectos secundarios que nos están llevando a tanta y tanta desafección política  por su toma de decisiones tan ajenas a la realidad imperante… por inventar demasiadas cosas que la mayoría social no les ha pedido. Por mover lo que estaba bien y no necesitaba de mayor zarandeo.
Hegel, su apreciado filósofo, decía aquello de que las funciones de la crítica filosófica era desconcertar al sentido común…decir lo que no se puede decir. Venga, hombre, gástese las pocas perras preparadas para llevar vehiculizado al CHESO, al CHAPURREAO de Matarraña o al PATUÉ de Benasque, en una campaña, por ej, mucho más necesaria y rentable, como la lucha contra la obesidad, la peor amenaza para la salud pública de los tiempos modernos. Mire que si no lo hace, al final de los finases, como dicen por mi tierra, acabará desarrollándose el sindicato de la fabla y acabará por imponérsenos como obligatoria. Tiempo al tiempo.
Todos Vdes, los políticos deberían de andarse con pies de plomo cuando se meten en el jardín de los temas de lengua o religión, tan adictivos como excluyentes. Que la lengua, ya lo estamos viendo más allá de la frontera, de la Franja, acaba produciendo o imitando síntomas presicóticos o psicóticos . Le acabo aconsejando la medicina preventiva, tómelo en serio, hombre. Consejo de médico leído.
Atentamente.

Luis Manuel Aranda
Médico-- Otorrino




jueves, 15 de octubre de 2015

GOBIERNO DE ARAGÓN (... ejercicio de ciudadanía práctica)



GOBIERNO DE ARAGÓN
Departamento DE VERTEBRACIÓN

Recibo un escrito de Vdes. hace cinco días, con nº de salida 265.073, en relación con una reclamación interpuesta por mi contra una mala y peligrosa forma de hacer concreta de autobuses Alosa. Pues bien, dadas las circunstancias lamentables de la reclamación y el poco papel disponible para el efecto, lamento no haber podido ser más explícito como se me exige. Lo haré ahora, públicamente.
Verán, gracias a Dios, mi situación personal me permitiría sobradamente no tener que utilizar jamás el transporte público,  pero por encima de ella prima el recordar todos los días aquello de Kennedy…”No preguntes que puede hacer el país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país”. Así es que aunque entienda que pueden darse situaciones tan lamentables como la vivida, no por ello dejo de esforzarme siempre que puedo por viajar en dichos medios de transporte. Por contribuir en primer lugar al ahorro energético oportuno, en la medida de mis pequeñas fuerzas, y en segundo por disfrutar viendo cómo van cambiando las cosas dentro de nuestra sociología nacional. Que ver tanta razas nuevas, clases y condiciones humanas tan diferentes de otros pasados tiempos , no deja de ser un tema tanto literario como enriquecedor y sorprendente.
Pues bien, el día ventisiete de julio, lunes, y estando la familia pasando unos días en Jaca, decidí coger el autobús de Alosa  a las ocho treinta a.m. para bajar al trabajo. Lógicamente, vi por la hora, como mis vecinos y yo mismo aprovechábamos para dar la cabezadita de rigor. A los cinco minutos de salir, la emisora del autobús comenzó con los impertinentes ruidos … de que si el autobús de Sallent te dejará a seis en Sabi, que si tienes que recoger tres paquetes, etc. Llegándonos el ruidito y sus interferencias de marras hasta la octava fila en que intentaba dormitar. Y como la cosa se había producido en otros viajes en que decidí hacer lo que suele hacer todo el mundo ante las pequeñas agresiones ajenas ,vamos, eso que de sobra conocemos, lo de mirar para otro lado, para no complicarnos la vida, ahora ya, hartito, decidí al final armarme de ciudadanía y levantarme rápidamente(como quién se levanta para pedir una bolsa ante el vecino que quiere vomitar, por ej) y decirle al conductor…por favor, baje el volumen que es muy molesta su emisora, a lo que él respondió…ah, perdone, es que se ha debido de quedar abierta su amplificación. La bajó inmediatamente, yo volví de inmediato a mi asiento y todos tan felices. Al llegar a Sabiñánigo, el hombre vino a darme una satisfacción inesperada…mire, me dijo muy educadamente, perdone, pero es que la empresa nos obliga a ir comunicados de continuo. Al apearme en Huesca, acabé preguntándole, aun entendiendo su educación, pero no tanto la obligación empresarial a tenerlo que distraer forzosamente con la emisora puesta y manipulándola mientras llevaba a cincuenta personas a bordo, (y más ahora, cuando todos los días nos recuerda la DGT con sus anuncios, que la más mínima distracción puede costarnos la vida,).¿Puede caber en cabeza alguna que un cirujano, por ej., en una intervención estuviera a la vez hablando por tfno. “con o sin manos” o pendiente de información sobre las intervenciones siguientes?. Acabé preguntándole, decía, dónde podía escribir en el libro de reclamaciones, a lo que una señora, su vecina del primer asiento de atrás, con la que había visto durante el resto del viaje  intercambiar palabras y sonrisas frecuentes, vaya Vd. a saber si de amistad o del diseño posterior de lo ocurrido, me estopó…¡ah, sí, pues si Vd. denuncia yo también lo voy a denunciar a Vd por haberse metido contra el conductor!. Y, aunque  estupefacto y sorprendido quedé, al ver los recursos que sabe encontrar la picaresca, el creativo personal hispánico llegada la hora, e incluso con la antedicha señora pisándome los talones mientras me instaba a no hacerlo, hice lo que deberíamos hacer todos cuando, no sólo no se nos pone ya la película o la música ambiental de antaño en aras de un más grato viaje, sino  que incluso se nos transporta con medidas que tienen que ver más con el cuidadoso trato veterinario que con la mayor excelencia humana posible.
A mediodía, un conocido de Jaca que viajaba por detrás de mí, tuvo la gentileza de llamarme para agradecerme el gesto. Lo tendré presente por si hubiera necesidad.
Que oiga y lea quién tenga la obligación legal de oír y leer lo que digo, en evitación de otros accidentes o males mayores.
Luis Manuel Aranda
Médico- Otorrino


domingo, 13 de septiembre de 2015

EL MÉDICO RURAL



                                                   UN MÉDICO RURAL

Publicado en El Heraldo de Huesca el 12-enero-1.999

 

                   Al Dr. Lascorz , médico titular de Tolva, herido gravemente en la cabeza por un paciente psicópata

                                                                                                           

 

 

    

El médico de su pueblo había sido un hombretón respetado, querido y totalmente solubilizado en el cargo. Era maravilloso verle hacerse con la situación desde el umbral del dormitorio de cualquier enfermo mientras liaba pausadamente su cigarro de picadura y decía a la vez: “señora, tranquila, que la ciencia está haciendo todo lo humanamente posible; si el paciente se ha de salvar, se salvará”.

Asombraba su elocuencia y su extraordinaria capacidad profesional. Él, siempre decía que solamente se le morían las personas justas. Bueno, las justas y siempre las mejores, según rezaban los tópicos sermones responsariales de D. Pedro, el cura párroco.

Un médico de cuerpo cabal y de mil vidas, puesto que como todo el mundo sabía, era capaz de ponerse enfermo ante cualquier enfermedad de sus pacientes y que se recuperaba cuando ellos lo hacían, participando siempre de su sufrimiento. Así evitaba la rutina, pensaba, mientras desarrollaba más su arte y su instinto, por la cuenta que le traía.

Y aquel estudiante de medicina que había soñado en ser como él, al acabar la carrera, allá por los años setenta, cogió su acartonada maleta y se dirigió a un pueblo de los Montes de Toledo, El Campillo de la Jara, en donde aún a todos los muertos los sacaban a hombros por muy mal que lo hubieran hecho.

Llegó dispuesto a cultivar sus propios errores y a practicar la caza, su afición favorita. Todo un triple salto mortal sin red, eso de pasar del Hospital Provincial a Las Hurdes toledanas, casi la selva africana.

Había leído que un ámbito pequeño era el ideal para escrutar mejor los mil rincones patogénicos de la vida de cada paciente y pensaba que con un poco de prestigio profesional conseguido en base a llevar limpios los zapatos y no embriagarse, todo podía llegar a ser sencillo.

Así es que comenzó a ejercer en una incuriosa consulta, palideciendo y adelgazando como un preocupado enamorado ante cada nuevo caso clínico, sin dejar de pensarni un momento en los mil síndromes raros de la patología médica y quirúrgica que el buen Dios le podía tener reservados para hundirlo. Hasta que a los pocos días le llegó el primer mensaje tranquilizador de parte de su quintacolumnista, su cobrador de igualas, que en gloria esté.

Don Nicasio, Vd. tranquilo, que la gente está muy contenta, que eso de dar la cifra máxima y la mínima de la tensión ha sido una cosa revolucionaria, porque todos los médicos anteriores solo daban la máxima. Eso sí, una cosa debería de evitar, si se me dispensa : dice el pueblo que lo ven estudiar por las noches a través de rendijas de la ventana. Y eso, mire Vd., dicen que es malo, porque debe de ser que no se lo sabe todo; que D. José Luis, el anterior, no estudiaba y apenas se le moría nadie, solo los que se le ponían realmente enfermos.

   Tomo nota, tío Bienvenido. Nunca, nadie más en adelante podrá decir que me ha visto estudiar. Guardaré las formas.

  Así es que al día siguiente se apresuró a tapar las malditas rendijas e intentar descifrar las claves del nuevo estatus social logrado: ser médico, aquella cosa casi sagrada, de orgulloso anagrama pegado en la puerta domiciliaria y en el coche, hoy lamentablemente desaparecidos.

A descifrar las claves y a aplicarlas, porque se daba cuenta de que era en el pueblo un personaje importante, como un feto valioso, el muerto de cualquier entierro o el niño de cualquier bautizo, vamos. El centro de todas las miradas, por lo que…

-----No debería de ir en bicicleta a la visita domiciliaria, por aquello de lo del médico pobre y el pobre médico Hipocrático.

-----Debería de darles el cariño que algún otro compañero les había negado, alegándoles que que aquello no entraba en la simple cartilla de la Seguridad Social, para administrarlo con cuentagotas y generosamente, solamente a aquellos que pagaban una igual aparte. Caprichos de la miseria humana.

-----Debería también a apresurarse a aprender una pazguata terminología médica, una nueva jerga que nunca antes nadie le había enseñado. A hablar al paciente con palabras sencillas, para hacerle entender todo lo que le pasaba, porque Marañón le había enseñado que ese era el primer paso para curarse.

Así es que cuando se encontraba a alguien aquejado de irrealidad, aprendió rápidamente a hacer sutiles e inteligibles diagnósticos como aquél de …”Vd, tranquilo, que lo que tiene es sistema nervioso”, para a continuación enseñarle a vivir y a no desesperarse. Oyendo siempre sus explicaciones como parte casi única e integral de la terapéutica, evitándole así las malas noticias, los picantes pimientos de Padrón del alma, para acabar aconsejándole como en el Ayurveda( la guía hindú de la vida)…”un paseo a primera hora de la mañana y tomar el sol”.

Y si se le ocurría morirse. Porque había decidido rendirse o simplemente veía como Larra que la cosa no merecía la pena, entonces, en el magro sueldo entraba el que como médico de cabecera debería de estar allí a su lado en la hora final, procurándole el que la boina, entre otras cosas, estuviera debidamente colocada en la cabeza, para evitarle llegar acatarrado al otro mundo. Ayudándole así a hacer el sublime tránsito sin mayores aspavientos, acostumbrados como estaban a haber hecho de la continuada desdicha un miembro más de la familia durante toda su bronca vida, un espinoso camino entre el que habían tenido que buscarse los garbanzos de uno en uno.

Años después vendría lo de la medicina tecnificada y de equipo, un nuevo oficio de a ocho horas diarias, y muchas de aquellas mágicas cosas se perderían para siempre, generándose profundos abismos en la relación médico- paciente, añoranzas tan grandes como la mía y terribles sucesos como el acontecido el otro lamentable y terrible día al Dr. Lascorz, al que deseo una feliz y pronta recuperación.

 Y es que la moderna antipsiquiatría hace años que dejó casi vacíos los manicomios.

Que el buen Dios nos proteja a todos.

 

Luis Manuel Aranda

Médico- Otorrino