martes, 2 de mayo de 2017

REUNIÓN ESCOLAPIOS EN URDA (TOLEDO)



 SEGUNDO ENCUENTRO DE LOS COMPROMISARIOS DE SELAYA( escolapios de Getafe---Urda 28-abril-2.017)

Perdonadme, queridos amigos y Señoras, por el atrevimiento de estas palabras en este entrañable Ágape, esta reunión de amor y amistad.
No puedo evitar el que aquí, a la sombra de los Molinos de Consuegra, traigamos también  a nuestra mesa, y si me permitís, unas Quijotescas palabras, aun sabiendo, como diría el Caballero del Parque, que nunca se ha visto escudero que se atreva a hablar donde debería de hablar su señor…D. Isidoro, en el que el dolor de su malnacida ciàtica, dudo mucho que le permita hacer el piadoso discurso de circunstancias.
Ahora, entre vosotros, queridos amigos, es muy fácil para un servidor el hablar escuderilmente, mientras dexamos fuera a los políticos, esos señores que se creen amos nuestros, pero que están dándose de continuo con las astas.
Estamos reunidos aquí y ahora, lo sabemos, por haber aceptado la invitación de esta egregia casa, que nos sabe y parece al auténtico Reyno Micomicón de Etiopía, aquél del viejo sueño de Sancho.
Reyno, felizmente presidido, en esta histórica ocasión, por el Caballero de Urda… D. Isidoro, nuestro querido e inolvidable compañero de aquellos duros e infantiles años en el peculiar Gulag escolapio de Getafe.
Isidoro…el también espejo de la caballería, la flor y nata de la gentileza, el amparo y remedio de los menesterosos, y la quintaesencia de los caballeros andantes!.
Al que, todos nosotros hemos buscado para encomendarnos a su cortesía…
Y tras ser invitados, hemos venido, ahora que el mayor tiempo libre en esta nuestra procelosa edad, nos lo ha permitido, una vez encaminados ya bien los hijos, para que cuando grandes, sean báculo de nuestra vejez y gloria de nuestra posteridad. Venimos, pues, cumpliendo indubitablemente, por no contravenir y faltar a las leyes de la Caballería, y porque hasta podría ser que en el tiempo de esta comida de hermandad y reclusión, llegáramos incluso a curarnos de nuestras mundanas vanidades, tan necesarias en el ayer mismo, para el “pane lucrando” de nuestra querida vida profesional.
NINES…Sra y auténtica dueña de este Reyno…¡ tómenos por lo que somos!...Provectos escolapios, que sólo deseamos ser escuderos suyos en el día de hoy.
Aquí nos tiene, rindiéndole pleitesía, felices a sus pies…porque ha de saber que no hay en la tierra, conforme a nuestro parecer, contento que se iguale a alcanzar la amistad perdida.
Qué jamás, nos desamparó la esperanza de poder disfrutar algún día de estos sublimes momentos.
Estar aquí, recuperando aromas y recuerdos infantiles es, créaselo, poner en solfa las que consideraba certezas aquél famoso Macbeth, mientras vaticinaba sobre la efímera  existencia humana…
“La vida no es más que sombra que pasa/ un pobre cómico/ que se pavonea y agita una hora sobre la escena/ y después no se le oye/ un cuento narrado, en suma, por un idiota con gran aparato y que nada significa.
 Profecía falsa, sin duda,en instantes como el de esta reunión, viviendo como estamos este fantástico Carpe Diem, este momentáneo cachito de cielo en la tierra, juntos de nuevo, y muy honrados, sobre todo, por la presencia de Justo y su esposa.
…Justo, viéndote, estamos como aquellos estudiantes que veían a D. Quijote por primera vez y morían por saber qué hombre fuese aquél tan fuera del uso de los otros hombres. Sábete, D. Justo G. de Y., que toda tu compañía…,tanto antaño como hogaño, ha sido el estiércol que el buen Dios decidió esparcir para siempre, sobre nuestros más secos e improductivos ingenios.
Tu memoria y paso por nuestras vidas, sin ánimo de lisonja alguna, faltaría más, fue tan edificante como el mismísimo y Calasancio colegio, puedes creértelo. Y si en algunos de aquellos infantiles días pudimos considerarnos unos “castrati” ante nuestra posible exclusión colegial y académica por tu abrumadora presencia, ahora, a estas alturas de nuestra edad, sabemos algo que nos ha tranquilizado y aligerado el alma del peso de la memoria de tu peso… Si, Justo, porque ya podemos decirlo… sabemos el que una misma fortuna y una misma suerte ha corrido, tal vez, por los dos…por ti y por todos nosotros:…si a ti te mantearon una vez, a todos nosotros, la vida nos ha molido ciento, y esto, Justo, es lo que te llevamos de ventaja.

Y para acabar, aparte de agradeceros a todos el haber venido, no quiero aburriros más…que se hace hora de comer y ya tenemos ciertos barruntos de hambre y, más, sabiendo que nos tenéis preparado para comer cosas confortativas para el corazón y el celebro.

Nines, Isidoro…Isidoro, Nines: Gracias por toda vuestra hospitalidad en estos momentos de tanta y tan difícil transición en nuestras vidas personales y profesionales, en esta nueva etapa que tenemos que reinventar y en la que el descubrimiento de los viejos amigos es un auténtico regalo del destino.
Estamos, en definitiva, tanto Teresa y yo mismo, queridos amigos y amigas…¡ que nos salimos, por la puerta de la locura de estos momentos, de este regalado día!.

Muchas gracias a todos por esta reunión…  a la que deseo, además que sea semilla de otras tantas en el futuro.

Y ahora, si me lo permitid…un brindis final por la vida, por aquél viejo Colegio de Getafe, por los amigos desaparecidos, nuestras familias y por todos nosotros.


lunes, 27 de marzo de 2017

LA JUBILACIÓN MÉDICA



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LA JUBILACIÓN MÉDICA



Tiene los mimbres de la propia vida. Hecha de vivencias agridulces, posiblemente tan diferentes entre sí, que de su buena o mala condimentación previa, puede resultar desde un liberador estofado a la pérdida del cielo en la propia tierra.

Los médicos también podemos acabar de la misma manera, tras completar bien una vida llena de auténtico significado, tratando y resolviendo los problemas de gentes más o menos necesitadas, o por el contrario, liberados, decía, si se ha tenido la desgracia de ejercer en un pequeño horno existencial, de esos que llegan a quemar, ya por presión asistencial, por falta de tiempo o medios, por los riesgos inherentes a la especialidad, neurocirugía. por ej., o incluso por algo más elemental, por haber tenido que llevar colgado de la chepa, todos los días, al incompetente y digitocrático compañero político de turno, más proclive al estudio del coste-productividad-efectividad y a mirar por encima del hombro a los camaradas, que a estar tras las crudas tragedias humanas o el estrés quirúrgico de los demás, los auténticos sufridores de la Cosa. Algo que hicieron, sin duda, y salvo honrosísimas excepciones, por no tener talla, implicación o empatía capaces de conmoverse de continuo con los pequeños o grandes problemas de sus pacientes…los usuarios, como despectivamente les gusta llamar últimamente, mientras la mayoría de sus compañeros prefirieron desde siempre quedarse al pie del cañón y pensando, divertida y desdeñosamente al verlos, en el viejo y certero refrán…”herradura que chacolotea, clavo le falta”.

Pues bien, bocetadas las dos posibilidades existenciales de ser médico, ahora sólo quiero pensar en aquellos compañeros que han disfrutado del inmenso placer de ser hombres prácticos resolviendo de continuo los problemas que realmente ayudan a vivir mejor a los demás, ya teniendo que tomar decisiones vitales, como comunicando malas/buenas noticias con la mayor humanidad y sensibilidad posibles, ya preocupados además por superar toda la ansiedad y estrés inherente al duro y diario ejercicio y que han vivido muy en serio toda la vida para hacer cosas muy serias, mientras veían a su alrededor la eterna dejación y dejación de responsabilidades en todas las luchas no luchadas tanto por parte de la Administración sanitaria como del propio Colegio profesional, capaz, eso sí, a toro pasado, de crear un organismo asistencial para tratar y socorrer específicamente al médico quemado o adicto a las mil cosas a las que puede conducir la mala o estresada vida profesional, cuando previamente ni han sabido ni querido prevenir nada en una lucha que pudiera haber mejorado las condiciones de un digno y remunerado ejercicio. Su única justificación legal y ética.

Microtraumas todos ellos que al fin y a la postre han existido como marginales a nuestras esencias hipocráticas y que con pequeñas tiritas en el alma las hemos ido sobrellevando, de la misma manera que hemos crecido desde siempre con la idea de que se nos puede querer, pero que a la vez, el sentimiento tiene una clara ambivalencia…se nos desea no volver a vernos nunca más (que del médico y el mulo, cuánto más lejos, más seguro, dicen por mi andaluza tierra).

Valgan todas las pinceladas previas para acabar ahora con el cuadro final que nos ocupa, el de la cruel, inevitable y fatídica realidad de la forzosa jubilación. Palabras, pensadas y dichas en homenaje a mi compañero y amigo del alma, el Dr. X, con alma galénica hecha de los mimbres antedichos y que ha dedicado toda su vida profesional de especialista a la estricta ciencia oficial, llegando incluso a dirigir de continuo tanto tesis doctorales como esforzados y valiosos proyectos de investigación. Pues bien, quince días antes de cumplir la edad de jubilación, recibió la famosa carta , comunicándole la rotura oficial de todos los puentes, de todos sus vínculos emocionales y profesionales con pacientes y lugar de trabajo. Diciéndole, vamos, que se considerase amortizado, y que por tanto, tanto las tres tesis doctorales que dirigía, como los dos proyectos de investigación que llevaba entre manos, que muy bien, que les importaban un rábano.

Y mi amigo pasó unos días terribles, como esos pacientes que considerándose terminales se aferran desesperadamente a la esperanza, a su continuidad, sencillamente porque, cosas de sabio, había olvidado que era tan mortal como el resto, absorto como vivía en trascenderlo todo en su quimérico viaje vital de excelencia y sobreesfuerzo personal y profesional. En su personalísimo calvario, en la travesía personal hacía la nada, hasta hemos tenido tiempo para las bromas y la ironía, antes de emigrar, de salir.

Hace poco me decía, Luis, ya ves, los médicos hacemos una singladura vital inversa a la política. En ella, cualquier chiquilicuatre puede acostarse siendo un perfecto Don Nadie, para levantarse al día siguiente siendo un atildado Congresista, mientras nosotros, ya ves, pasar del ser al no ser sólo depende de correos. Y hemos hablado, como no, de que la dichosa carta, con su cruel toque de clarín, anunciador de que hay que cambiar de tercio, no hace sino invitarnos a retirarnos a los corrales, a nuevos libros, aficiones y menesteres, que nos hagan olvidarnos pronto del lugar de trabajo, a donde si vuelves, ya puede que nadie te salude, conozca o sonría, aunque siempre puede quedar el recurso de dejar en su puerta y por la noche un ramo de flores sobre la tumba de tantos sueños y gratos recuerdos, como por ej.:

el de la ansiedad y emoción de pasar consulta cada día/ el de la sensación profesional de formar parte de algo importante/ el de las pequeñas bromas que solíamos gastar a los pacientes para librarles de su estrés antes de entrar en el quirófano/ el de la jovialidad y entusiasmo que ejercían sobre nosotros nuestros pacientes con su fe/ el de la intensa euforia del quirófano, cuando todo había salido bien.

Convencidos, en suma, con el Dr. V. Fuster y el Dr. Marsh, neurocirujano inglés, Buda y la Biblia, entre tanto y tanto sabio consejero, de que “la ruta más fiable hacía la felicidad personal es y ha sido hacer felices a otros”.

Posdata: Mi amigo, el Dr. X, médico y avezado navegante, siempre me comentaba una máxima griega mientras navegábamos antaño en su Coronado por las Baleares…”navegar es necesario, vivir no lo es”; por eso, ahora, no ha dudado en seguir ejerciendo en un hospital francés en donde han sabido valorar y aprovechar toda su ciencia y experiencia. Y próximo a los Pirineos, todas las mañanas, tras levantarse, no es capaz de comenzar la jornada sin abrir previamente la ventana para saludar a su querido y próximo país, mientras practica un liberador, íntimo y sonoro corte de mangas que pueda llegar hasta el Ministerio de la exMato, aquella pintoresca persona que desconocía como habían podido llover los Jaguar sobre su garaje.

Luis Manuel Aranda

Médico- Otorrino









miércoles, 11 de enero de 2017

CALLE DE LA BASURA





Y de la vergüenza ciudadana. Es como me la ha definido un amigo radiólogo venido desde Madrid , tras bajarse del Ave y encontrar su acera de salida no solamente negra, barnizada con los incívicos mil chicles pegados, sino porque además, al subir andando hacia el centro por ella, la calle Zaragoza, ha seguido con la peculiar lectura radiográfica que nos ocupa. De esas que dejan al paciente paralizado, haciéndole sudar de dolor y asombro.

Mi amigo Ricardo vino a verme porque estaba harto de que le dijese aquello tan socorrido de que teníamos una ciudad que era “un parque rodeado de edificios” y que incluso hasta que los efectos de la nefasta Logse comenzaran a sentirse en la sociedad y la convivencia, la única contaminación que teníamos era la acústica. La provocada en el Parque M. Servet por los chillidos amorosos de aquellos divinos pavos reales en celo. Así es que íbamos subiendo por sus aproximadamente quinientos metros hasta los Porches de Galicia, el urbano corazón, mientras yo hacía historia hablándole del café Mongotti, alias La Suiza, inaugurado a finales del siglo XIX, y que acabó dando paso al restaurante Sauras y al Real Aeroclub, como el gran centro social y de baile hasta no hace demasiados años. 
Y le hablaba también, cómo no, con que tenía una librería papelería entrañable, de rancio sabor local y crujientes suelos de madera, luego vilmente sustituida por la desustanciada y fagocitaria banca.
La idea era llegar, como decía, a la plaza de López Allué, su famoso escritor, periodista y versificador, para entrar después en La Confianza, la Capilla Sixtina del humanizado gusto por el comercio de siempre o las cosas bien hechas, y poder acabar con el sublime postre de San Pedro el Viejo. Pero fue en la paradita de la plaza de Navarra, tras comentarle como fue bautizada así en homenaje a los heroicos requetés navarros que tan eficazmente colaboraron en la ruptura de su terrible y prolongado sitio guerracivilista, cuando él, mi amigo, se sumió en una profunda
reflexión…
Luis, me dijo, cuando una ciudad necesita o pretende, turísticamente hablando, hacerse
querer, procura presentar u cara más amable, las flores y olores más adecuados, procurando siempre que su “huella ecológica”, su impacto ambiental, como tanto gusta ahora decir a la nueva cursilería política, sea lo más pequeño y lesivo posible. De manera que cualquier capital de provincias que se precie de culta y sensible, siempre procura dar una imagen que hable por sí sola de las bondades de sus gentes. Nunca enseña sus interioridades ni sus trapos sucios.
¿Acaso no os prohíben ellos la ropa tendida en las fachadas como algo aceptado y acorde con el refinamiento más elemental? Para seguir ¿es que vuestros ediles desconocen que en el centro de las grandes ciudades con más sensibilidad y ambición, ya hay inventados otros métodos para la necesaria recogida de basuras en sitios clave?
Pues bien, mirando y mirando, me decía, he venido contando hasta dieciocho contenedores de basura en tan corta , transitada y turística calle, mandaesacosa!

Mientras yo me sonrojaba por dentro; y por si todo el despropósito municipal no fuera
suficiente en cuánto a contaminación visual y olorosa se refiere, en llegando a la esquina de su antedicha y famosa plaza, tuvimos que trotar para poder eludir al sempiterno saxofonista rumano de marras, que ya parece más bien un funcionario con mando en plaza, y habilitado especialmente para castigarnos los oídos con sus desafinadas y eternas “Guantanamera y La Cucaracha”. Para mayor honra y gloria de la cutredad hecha calle. Perdona, Ricardo, acabé diciéndole, mientras le recordaba que la estética de algo es lo que se percibe mediante sensaciones y que como estas, llegan a embotarse con la costumbre y el uso, por eso, tal vez, convivir en esta Huesqueta con toda su basura antedicha nos ha impedido hablar mal de ella, porque acomodarse y mirar para otro lado pertenece a la más elemental supervivencia humana.

Al fin y a la postre, los sufridos turistas que nos visitan, aquellos que vienen con la aprendida lección de sus personajes y su historia, pueden hasta permitirse pasar de la mala presentación que hacen de ella sus negligentes políticos. Bien es verdad que la cosa, desde el punto de vista psicoanalítico y social, tiene su miga. Hasta puede oler a acto fallido, a sutil venganza contra el nombre de nuestra capital autonómica, ya sea por sana envidia o , tal vez, por habernos sabido quitar allá por el XVI, la primacía de nuestra entonces exclusiva universidad Sertoriana. Acabé por responderle en improvisada reflexión.
Julio Brioso, q.e.p.d, en su libro Las calles de Huesca nos relata como su Diario del mismo nombre del 28/VI/1.877, denunciaba un caso lacerante para la pituitaria de los ciudadanos: “en la acera izquierda de la c/ Zaragoza, inmediato al taller de fundición del Sr. Cristófol, existe un gran trozo de terreno de huerta sin cercar que, además de resentir el ornato de aquella concurrida parte de la población, sirve a muchos para desahogos, comodidades y actos que repugnan a la moral y crean un foco de infección perjudicial a la salud”. Jesús, Jesús, pero que requetebién se escribía entonces…”además de resentir el ornato”!!!
Pienso en todo ello, mientras acabo escribiendo con las inevitables arcadas por nuestra
querida y emblemática patogénica calle que conduce, vía AVE, desde el resto del mundo hacía nuestro más querido corazón urbano. Feliz Navidad.

Luis Manuel Aranda
Médico-Otorrino